Impuesto jurásico

Todo sigue igual, pero con mayor intensidad. Estoy seguro que le suena que en la Edad Media se pagaban diezmos y primicias como impuestos. Y nos parecía que el señor feudal, ya fuera seglar o eclesiástico, se pasaba varios pueblos con el impuesto por el que a cambio defendía a sus vasallos. Mire su nómina y compruebe dónde anda ese 10 % medieval. Súmele el IVA, los impuestos especiales (alcohol, combustibles, etc.), el impuesto de ¡lujo! que pagó al adquirir su coche y póngalo en la columna del “DEBE”. Estamos trabajando para el Fisco hasta el mes de mayo, el resto es para Usted. Por ahora.
No voy a entrar en el “HABER”, entendiendo como tal el concepto a que se destinan estos ingresos, tema que daría para largo. Y, al final, como en el chiste, todo acaba en “debe haber…”

Lo que ya me mosquea más es que ya hay voces que claman por más impuestos. No sólo en España, sino a nivel mundial. Impuesto por emitir CO2, impuesto ecológico por visitar según que parajes, impuesto por existir… Por ahora no pagamos por las ventosidades propias, pero todo se andará.

En las últimas cumbres encumbradas en la cima de encumbrados mandatarios ya están pensando como salvar el planeta. Y la solución es evidente: más impuestos.

Me acojona pensar los impuestos que pagaron los dinosaurios tras la pedrada cósmica. El planeta se salvó, pero ellos se extinguieron. Cosas del fisco, con buen rollito sostenible y para salvar al mundo.

Las cosas del querer


Para conseguir algo hacen falta tres cosas: querer, poder y saber. Dicho en lenguaje de estrategia: voluntad de vencer, libertad de acción y capacidad de ejecución. Y donde hay varios contendientes, rivales o como les quiera llamar, hay que emplear alguna estrategia, porque lo que es seguro es que la van a emplear contigo. Si no se lo cree, analice la campaña de Gandhi, ha leído bien, de Gandhi, para lograr la independencia de la India respecto al Imperio. No excluyó ninguno de estos principios: quiso, pudo y supo hacerlo. Hay otros principios secundarios, pero el tema daría para otros artículos.

¿Por qué le cuento esto? Porque me da la impresión que el bando en el que Usted y yo estamos, ya no se aplican todos los principios. Tal vez se use una apariencia de tales, pero creo que ha renunciado a la voluntad de vencer. Hemos perdido el empuje, la juventud y el vigor. De hecho, la población envejece a gran velocidad, por lo menos en la Vieja Europa. Con la edad física se envejecen las mentes y las voluntades. Sólo otro rival, Japón, está en similar tesitura. Disfrutamos de un cálido y decadente otoño como civilización, a la sombra de grandes glorias pasadas y de un elevado nivel de vida. La descreída Europa y la antaño también pujante USA, sólo piensan en disfrutar de la Pax del Imperio. De nuestro bando, sólo Iberoamérica, a mi entender conserva cierto vigor y juventud, pero su vecino gringo del norte la tiene dividida, como siempre. Esto es lo que hay por nuestra cultura que se remonta a Atenas y Esparta, a Roma y Constantinopla. Se agota. ¿Ejemplos? Póngalos Usted en los comentarios, tanto a favor como en contra de estas ideas. El conflicto de Afganistán y el deseo de tirar la toalla es una buena prueba a lo que cito, pero hay más. Muchos mas.

Sin embargo, estas tres preguntas también puede usarlas para estudiar otros competidores del Siglo XXI: China, el Islam, Rusia, India, Persia, Turquía, o los que Usted considere. A ver qué conclusiones obtiene Usted sobre el querer, poder y saber. Tal vez se haga una idea del mundo que viene.

Por cierto; si Usted, su empresa, negocio o lo que sea, compite con alguien, también puede usar este sencillo análisis. Y si me dice que no le hace falta todo esto, porque es muy belicista, no se engañe, Jesucristo, Mahoma, Buda, Sócrates y tantos otros grandes hombres quisieron, supieron y pudieron. Todo tiene su estrategia.

 “Querer, saber y poder. Si falla cualquiera de estas condiciones, estás asegurando el fracaso y tú no quieres que eso ocurra. Querer es tener la firme voluntad de lograr el objetivo propuesto. Implica fe en uno mismo, convencimiento de que es posible, deseable y realizable la empresa propuesta. Más hace el que quiere que el que puede. Saber es adquirir o conocer cómo usar los conocimientos que tenemos para conducir nuestras actividades hacia donde nos interese. Debes siempre preocuparte en tener conocimientos sobre todas las actividades que realices. Nadie intenta domar una fiera sin saber cómo se hace, te destrozaría. Poder hacer algo quiere decir que ninguna circunstancia o voluntad ajena estorbará tus acciones. Siempre debes conservar la capacidad de poder hacer lo que te propones y si estás enfrentado a alguien, negarle o interferirle esta necesidad, pues en verdad, es una necesidad.”  


La chispa del calentón



No creo en el calentamiento global ni que el CO2 ni la actividad humana lo cause. Es mas, creo que si existiera, tal vez no sería tan malo, mata más el frío que el calor. Pero como la fe siempre tiene sus momentos de duda, a veces me pregunto ¿y si fuera verdad? Al día de hoy, me han despejado las dudas. Si usted tiene fe en la idea de que si que existe este fenómeno, no seré yo el que le disuada. Creo que fueron los mormones los que predijeron el fin del mundo para el S. XIX y ahí los tienen, siguen teniendo fe en sus cosas como si este error de nada no hubiera ocurrido. Así que allá usted, los mormones y yo mismo. Cada loco con su tema, como decía el cantante. Por mi parte, hereje soy del credo oficial del mundo presente. Arderé en las llamas apocalípticas de Al Gore, Green Peace y demás iglesias. Mal asunto ir en dirección contraria al rebaño, asumiré mi culpa. Confieso que he pecado y además no me arrepiento.

Veo muy poco los “informativos” de la TV, son todos iguales y a mi entender no informan. Si Usted cree lo contrario, pues me parece estupendo, no pienso discutir sobre el tema. Por razones parecidas uso poco la TV. Tampoco me voy a extender sobre el asunto. Pero a veces salen perlas televisivas que me alegran el día. Un anuncio de Coca-Cola decía textualmente que “Muy cerca de ti hay una fábrica de felicidad. Porque cuanta menos distancia recorra una Coca-Cola hasta llegar a tus manos, menos CO2 se emite...”

Ahora ya me queda claro y diáfano que el CO2 es un estupendo negocio.
Lástima que para escribir estas líneas les haya hecho publicidad, pero el que me despejen las dudas calenturientas merece la pena. París bien vale una misa y el CO2 una Coca-Cola, la chispa de la vida. ¿O la chispa era de Pepsi Cola?