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9 de abril de 2010

Cosas de antes

Tuve hace años un jefe, que además de ser todo un caballero, tenía las ideas muy claras. De él aprendí mucho. Rara vez se le veía ejerciendo de jefe, pero mandar, mandaba. Vaya si mandaba. Un día me explico todo, era muy sencillo. Primero, la responsabilidad de todo lo bueno y lo malo que ocurría bajo su mando era suya, exclusivamente suya. Si algún subordinado hacía una pifia, él se hacía responsable ante su jefe (todos los jefes tienen a su vez otro jefe) y lo defendía a capa y espada. Luego, a solas, lo reprendía con buenos modos. Bueno, no lo reprendía a él sino a su comportamiento, que no es lo mismo. También le vi desvivirse cuando uno de sus subordinados tenía un problema, ya fuera profesional o personal. Y si alguno era un sinvergüenza, lo trataba en consecuencia, para regocijo de los demás que hasta entonces tenían que hacer el trabajo del que se escaqueaba. Así conseguía lealtad y disciplina. Doy fe de ello.

No daba muchas órdenes, pero las que daba estaban perfectamente meditadas, eran claras y era posible cumplirlas. Y lo más importante, vigilaba que se cumplieran. Evitaba como la peste el dar contraórdenes, que sólo generan confusión. Organización, ante todo.

También tenía otro principio: es mejor crear normas que impidan que los subordinados metan la pata que crear un sistema de correctivos para cuando ya han metido la pata a conciencia. Vamos, como las leyes actuales que nos “gobiernan”. Con él todo el mundo sabía a qué atenerse. Lideraba y mandaba, palabra esta última que no gusta porque no es “sostenible” en esta sociedad de pastel blandengue y merengoso.

Podía contar más de ese hombre, pero creo que con esto ya hay para meditar bastante. Sobre todo, cuando vemos la falta de liderazgo de los que deberían liderarnos en empresas, administración, política, etc. Sobre todo cuando hay semejante maraña de leyes que sólo conducen al desorden y al chanchullo legal. Sobre todo cuando nadie se fía de sus jefes pues sospechas o sabes que te van a dejar vendido en cuanto peligre su culo. Sobre todo, cuando el día que todo va mal todos buscan un responsable que, por supuesto, nunca es el jefe sino el pardillo que pasaba por ahí. Luego nos asombramos de que estemos en crisis y digamos que cómo hemos llegado a esta situación.

Sobre todo, cuando mucho tiralevitas, pisaverde, pichafloja, gilipollas, descerebrado, trepa y demás fauna nos viene a hablar de valores, ideales y palabritas vanas que cualquier papagayo puede pronunciar. Me hubiera gustado verlos bajo el mando de mi querido jefe. Descanse en paz, esté donde esté ahora.

3 comentarios:

  1. No creo que haya muchos jefes así. Eres muy afortunado de haberlo tenido. En cuarenta y un año de vida laboral los mios han sido todos de los "de mi culo está primero". A lo mejor hubo alguna excepción; es posible, pero de tan excepcional, me es imposible recordarlo... Lo siento por él.
    Un saludo muy afectuoso desde Gran Canaria.

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  2. Te entiendo perfectamente Carolus.
    Tuve un jefe con características similares a las que describes. Con un liderazgo a toda prueba. Lamentablemente una penosa enfermedad se lo llevo.
    Lo que vino dejo mucho que desear....

    Saludos

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  3. Donde mejor se aprende a ser buen jefe y ejercer liderazgo claro es en la milicia. Mi padre era militar y creo que aprendí lo poco de psicología del mando que sé gracias a él. Intento que mis subordinados hagan las cosas por convencimiento más que por coacción y si yo no soy un modelo y un ejemplo para ellos no hay nada que hacer. Por cierto, de mi jefa no me puedo quejar demasiado.
    Un saludo

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