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4 de agosto de 2011

Los caracteres según Jean de la Bruyère

No poder soportar los caracteres malos, de los que el mundo rebosa, nada dice a favor del nuestro: es necesario que en el comercio corran tanto las monedas de oro como las de cobre.

Todo se ha dicho, y llegamos demasiado tarde cuando hace más de siete mil años que hay hombres, y que piensan. En lo que concierne a las costumbres, lo mejor y más bello se ha esfumado con los libros de antaño. No queda más que espigar entre los antiguos y los más diestros de los modernos.

No existe tarea más deplorable en el mundo que labrarse la gloria de un nombre; al cabo, todo termina cuando la obra apenas se ha esbozado.

No amamos por entero más que una sola vez, la primera: los amores que acontecerán después son menos involuntarios.

Añorar al ser amado es un bien si lo comparamos con el hecho de vivir junto al que odiamos.

La vida es breve si sólo le damos este nombre cuando es grata, pues si sumásemos todas las horas transcurridas en el goce, apenas los largos años de una existencia se nos convertirían en unos pocos meses.

¡Cuán difícil es estar satisfecho de alguien!

Vana empresa sería ridiculizar a un hombre muy torpe pero rico; los que debieran reírse estarían de su parte.

Deberíamos callar en lo tocante a los poderosos. Hablar bien de ellos casi siempre es adulación. En vida es peligroso pronunciarse en contra, y a su muerte es cobardía.

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