¡Ríe a carcajadas con el chiste viral del cura y la aduana! Un final inesperado y brillante que no podrás dejar de compartir. ¡Entra y disfruta!
Una joven muy atractiva que volaba desde Irlanda le preguntó al sacerdote que estaba sentado a su lado:
—Padre, ¿puedo pedirle un favor?
—Por supuesto, hija. ¿Qué puedo hacer por ti?
—Bueno, le compré a mi madre un secador de pelo muy caro para su cumpleaños. Está todavía en su caja, pero supera con creces los límites de la aduana y me temo que lo confisquen. ¿Habría alguna forma de que usted lo pasara por la aduana por mí? ¿Tal vez ocultándolo bajo su sotana?
—Me encantaría ayudarte, querida, pero debo advertirte: no voy a mentir.
—Con su cara de hombre honesto, Padre, nadie lo cuestionará —respondió ella convencida.
Cuando llegaron a la aduana, ella dejó que el sacerdote pasara primero. El oficial, al ver su clériman, preguntó con respeto:
—Padre, ¿tiene algo que declarar?
—Desde la coronilla hasta mi cintura, no tengo nada que declarar —respondió el sacerdote con firmeza.
Al oficial le pareció una respuesta un tanto extraña y técnica, así que insistió:
—¿Y qué tiene que declarar de la cintura para abajo?
El Padre respondió con total tranquilidad:
—Tengo un instrumento maravilloso diseñado para ser usado por una mujer, pero que hasta la fecha nunca ha sido utilizado.
El oficial de aduanas soltó una carcajada y exclamó:
—¡Pase adelante, Padre! ¡El siguiente!
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