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25 de marzo de 2013

El hombre que no vio a nadie

Había una vez un hombre en el Reino de Qi que tenía sed de oro. Una mañana se vistió con elegancia y se fue a la plaza. Apenas llegó al puesto del comerciante en oro, se apoderó de una pieza y se escabulló.

El hombre que no vio a nadie
El hombre que no vio a nadie

El oficial que lo aprehendió le preguntó:

- ¿Por qué robo el oro en presencia de tanta gente?

- Cuando tomé el oro – contestó –, no vi a nadie. No vi más que el oro.

Lie Zi
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7 comentarios:

  1. Y así es, con todo igual, hasta que algún buen samaritano nos avisa que estamos errados, muy errados, y a partir de ahí...... a ir tirando. Bss.

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    1. El oro nos deslumbra y ciega nuestro entendimiento, emejota. Y cada cual tiene su oro particular que le priva el entendimiento.

      Saludos

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  2. A veces el egoísmo no nos deja mirar a los demás...Ni siquiera nuestro objetivo...
    Puede cambiarse egoísmo por avaricia en la anterior oración.

    Saludos Carolus

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    1. La avaricia y el egoísmo son parientes muy cercanos.

      Saludos, Manuel

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  3. Si sr. la avaricia nos ciega!!!
    muy buenos estos cuentos ya que nos enseñan a darnos cuenta de que camino queremos seguir. Buenas energias!!

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  4. Excelente cuento... Gracias... espero sigan compartiendo más textos de este tipo. Saludos

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