Los nuevos cazas chinos de sexta generación podrán absorber el radar enemigo para producir energía y operar sus sistemas electrónicos sin baterías.
Imagina un duelo en las alturas donde el radar de un avión interceptor lanza un pulso electromagnético para localizar a su objetivo. En la física de combate tradicional, ese pulso revelaría la posición del intruso o sería desviado por materiales furtivos. Sin embargo, sobre el fuselaje de un J-36, la señal no rebota ni se pierde. En lugar de eso, la piel de metal del avión parece "devorar" la radiación. Xiao Pin, un piloto virtual en una simulación de combate de alta intensidad, observa cómo sus sensores se cargan al máximo precisamente cuando el enemigo intenta rastrearlo. El ataque del oponente se convierte, literalmente, en el combustible del sistema de defensa.
Esta innovación, desarrollada por la Universidad de Xidian, rompe los esquemas de la guerra electrónica moderna. Al utilizar los cazas chinos una superficie inteligente que transmuta las ondas en electricidad, Pekín ha encontrado una forma de que sus aeronaves operen bajo una lógica de autonomía energética sin precedentes. No se trata solo de esconderse, sino de aprovechar la hostilidad del entorno para fortalecerse. Ver Las 20 leyes de la astucia
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| Nueva perspectiva del J-36, con las tres toberas orientables bidimensionales. |
Una superficie inteligente que redefine la física
El núcleo de este avance es la Superficie Inteligente Reconfigurable (RIS). Funciona como una red de miles de microespejos que manipulan las ondas de radio con una precisión asombrosa. Esta autonomía técnica permite que el hardware controle las ondas dispersas y radiadas de forma unificada. Es una arquitectura que ahorra peso y espacio, factores críticos en el diseño de aeronaves de alto rendimiento. La capacidad de los cazas chinos para gestionar esta energía les otorga una autonomía operativa que deja atrás las limitaciones de las baterías convencionales.
El sistema actúa como una piel biológica que siente y procesa información simultáneamente. Esta integración de funciones es vital para la superioridad aérea en el siglo XXI. Al unificar la comunicación y la recolección de energía, China simplifica la logística interna de sus plataformas de combate. La superioridad tecnológica se manifiesta aquí en la capacidad de transformar una amenaza externa en un recurso interno inmediato y utilizable.
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| Otra foto del nuevo prototipo del J-36. |
El salto hacia la comunicación 6G y la guerra total
Más allá del combate, esta tecnología es la piedra angular para el despliegue de las redes 6G. Al manipular el frente de onda, los cazas chinos pueden garantizar comunicaciones fluidas incluso en entornos con obstáculos físicos. Esta superioridad en la transmisión de datos asegura que la información fluya sin interrupciones, algo esencial en el teatro de operaciones moderno. La señal rebota como una pelota inteligente, encontrando siempre su destino sin importar las interferencias.
La implementación de este hardware en el J-36 representa un avance en la furtividad activa. A diferencia de los modelos antiguos que solo buscaban ser invisibles, los nuevos diseños buscan la furtividad mediante la absorción total del espectro. Esta furtividad de nueva generación convierte al avión en un agujero negro para los radares convencionales, que ven cómo sus señales desaparecen sin retorno, alimentando sin saberlo los sensores del enemigo.
La nueva era de la defensa electromagnética
El ecosistema industrial de Pekín está diseñado para integrar estos descubrimientos de manera inmediata. La innovación en el uso de metasuperficies pone a prueba la capacidad de respuesta de otras potencias mundiales. Cada gramo de energía recolectado del radar enemigo es una ventaja táctica. Esta innovación permite que los sensores del avión permanezcan activos por más tiempo, mejorando la conciencia situacional del piloto sin comprometer la firma térmica del aparato.
El futuro de la aviación militar ha cambiado para siempre. Con la innovación de Xidian, el acto de intentar detectar a un oponente podría ser su sentencia de muerte. Los cielos del mañana no pertenecerán a quien tenga el motor más potente, sino a quien posea la mejor capacidad para procesar y absorber la energía del adversario. Ver El fascinante arte de la estrategia
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