Tuve que matar a la mujer que solía ser para darle una oportunidad a la mujer en la que podía convertirme.
A los 20 años, mi único propósito era ser la "compañera perfecta". Me desvivía por organizar la vida de un hombre que ni siquiera me incluía en sus planes a futuro. Quizás no era amor, era mi propia carencia gritando.
Mi baja autoestima era mi guía. Siempre buscando a quién complacer, siempre dispuesta a ser el paño de lágrimas de amigas que desaparecían cuando yo tocaba fondo. ¿Sientes lo mismo?
Stephen King popularizó una frase vital: "Debes matar lo que más amas". Para un escritor, significa borrar esa frase que te encanta pero que detiene la trama. Para ti, significa eliminar esa conducta que te define, pero que te destruye.
Como mujeres, solemos mirarnos en el espejo que nos sostienen los demás. Si nos dicen "qué buena eres", sentimos que valemos; si nos critican, nos hundimos. Por eso muchas mujeres brillantes no emprenden o permiten que las pisoteen: siguen buscando la aprobación de sus padres, de su pareja o de desconocidos.
Mi antigua rutina era mi propia cárcel:
Priorizar la felicidad ajena mientras la mía se marchitaba.
Decir "sí" a cada favor, aunque tuviera que pisotear mi propio descanso.
Mendigar afecto a través de servicios excesivos.
Debes editar tu vida si quieres dejar de llorar. Restar antes de sumar. Morir a la complacencia para nacer a la dignidad. Me tomó una década entenderlo y, aunque a veces extraño la falsa calma de dejar que otros decidan por mí, no daría un paso atrás. Maté mi necesidad de aprobación y lo haría mil veces más. Ver El poder de tu mente
La hoja de ruta de 4 pasos para reparar tu autoestima
Si quieres cambiar tu historia, aplica este proceso de edición personal:
Identifica tu "frase favorita" (y bórrala): Reconoce ese hábito de complacencia que tanto amas porque te hace sentir "buena persona", pero que en realidad detiene tu crecimiento. Si no te hace avanzar, elimínalo.
Rompe el espejo ajeno: Deja de buscar tu valor en la mirada del otro. Tu autoestima no puede depender de la aprobación externa; debe nacer de tus propios estándares y metas.
Aprende el arte de restar: Antes de buscar nuevas virtudes, elimina los vicios de carácter. Aprender a decir "no" es la herramienta de edición más poderosa que posees. Menos compromisos vacíos significan más respeto propio.
Acepta el duelo de tu versión antigua: Para que la mujer segura nazca, la mujer sumisa debe morir. Acepta que este cambio incomodará a quienes se aprovechaban de tu debilidad. Ese es el precio de tu libertad.
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