Diviértete con este relato corto sobre una madre, su hija y una cita inolvidable. Humor inteligente y un giro inesperado que te fascinará.
—Es que ya sé cómo terminará esta noche —respondió la madre entre lágrimas—. Tu jefe te llevará a cenar a uno de esos lugares elegantes, con velas y violines susurrando entre las mesas. Después, irán a bailar a un sitio de luces tenues; allí, mientras te abraza, te dirá al oído lo hermosa que eres.
—Bueno, mamá, ¿y qué tiene eso de malo?
—Que luego te invitará a su departamento —continuó la mujer, casi en un trance—. Será un piso moderno, con un balcón hacia el río. Destapará una botella de champagne, brindará por tu belleza y, finalmente, te llevará a ver el dormitorio. Ahí es donde empezará la tragedia.
La hija la miraba con los ojos muy abiertos.
—Al llegar a la cama, él se lanzará sobre ti. Y escúchame bien: si permites que ese hombre se ponga encima de ti, yo me moriré. Cargarás con esa culpa el resto de tu vida. Lloro por ti, hija, y por mi propio final. ¡Acuérdate de lo que te digo! ¡Si se pone encima, me muero!
A la hora pactada, un coche de lujo frenó frente a la casa. La joven salió y el vehículo se perdió en la noche.
A las cinco de la mañana, la hija regresó. La madre, pálida y ojjerosa, la esperaba sentada en el sillón de la sala.
—¿Y bien? —preguntó con voz trémula—. Cuéntamelo todo.
—¡Mami, fue increíble! Sucedió tal cual lo predijiste. El restaurante, el baile, el champagne, el dormitorio... todo.
—¿Y? —inquirió la madre al borde del infarto—, ¿qué hiciste cuando intentó subirse encima de ti?
—¡Ah, no, mamá! Me acordé de ti y de lo mucho que te quiero. No iba a permitir que te pasara nada malo por mi culpa... ¡así que me subí YO encima de él! Ver Las 20 leyes de la astucia
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