Guía definitiva del votante ejemplar: Por qué la corrupción es el menor de tus problemas (o incluso una ventaja)
¿Votas a corruptos? Descubre las cínicas (y reales) razones para seguir haciéndolo. Un análisis VIP sin filtros para mentes despiertas.
Seamos sinceros. Elegir a quién votar en estos tiempos es un dolor de cabeza innecesario. Que si programas electorales de ochocientas páginas, que si debates crispados, que si "ética"... ¡Por favor! Qué pereza.
Si tienes la suerte de que tu partido de cabecera arrastra un par de docenas de imputados, no te asustes. Al contrario, quédate ahí. Aquí tienes las razones definitivas —científicamente probadas por el cuñadismo ilustrado— para seguir depositando tu sagrada confianza en los corruptos de siempre.
1.
La herencia genética (y el miedo al fantasma del abuelo)
"Siempre les he votado y
toda mi familia lo ha hecho, desde mis abuelos."
¿Para
qué vas a usar el lóbulo frontal si puedes usar el ADN? Pensar por uno mismo
está sobrevalorado y, seamos francos, rompe tradiciones navideñas. Si tu abuelo
votaba a estos tipos cuando la televisión aún era en blanco y negro, ¿quién
eres tú para osar cambiar el rumbo de la historia familiar? Cambiar de voto es
de traidores, de gente sin principios estables. La lealtad ciega a unas siglas,
pasen las facturas en B que pasen, es el verdadero motor de la democracia.
Además, imagínate el drama en la próxima cena familiar si admites que te has
leído otro programa. No compensa.
2. El sesgo de la
inocencia selectiva
"Es mentira que sea
corrupto... ¡los demás sí!"
A
ver, un respeto. Lo de los míos no es corrupción; en el peor de los casos son
"despistes administrativos", "casos aislados" o
"víctimas de una conspiración judeomasónica-alienígena". Los que
roban de verdad, con saña y maldad intrínseca, son los del otro partido. Esos
sí que tienen un plan maestro para destruir la civilización. Lo de los míos es
campechanía, es picaresca española de toda la vida. Un maletín lo tiene
cualquiera.
3. El bolsillo manda
(Capitalismo clientelar de proximidad)
"Gracias a ellos tengo mi
puesto de trabajo y ayudas que se perderían si llegan los otros."
La
meritocracia es un invento para los que no tienen buenos padrinos. Si gracias a
que el concejal de urbanismo es amigo de tu tío te han colocado en una empresa
pública (donde tu principal función es que el café no se enfríe), ¿cómo vas a
morder la mano que te da de comer? Si entran los otros, ¡horror!, lo mismo te
exigen productividad o, peor aún, unas oposiciones limpias. El voto es una
transacción comercial: yo te doy mi papeleta y tú me aseguras la mamandurria.
Eso es estabilidad económica.
4. Geopolítica de barra
de bar
"Apoyan al país que no me
gusta y restan apoyo al que sí me gusta."
¿Qué
importa si se han llevado crudo el dinero de los hospitales públicos si tienen
una política exterior impecable? Si mi partido le pone mala cara al país X (que
me cae fatal porque lo leí en un hilo de Twitter) y financia los caprichos del
país Y (donde hacen unos vídeos de TikTok maravillosos), ya tienen mi
bendición. La soberanía nacional se defiende mejor con una cuenta en Suiza que
con diplomacia aburrida.
5. Mi burbuja, mis
reglas
"La prensa, televisión e
internet que yo uso no lo citan como corrupto."
Si
un árbol cae en mitad del bosque y nadie lo oye, ¿hace ruido? Pues si un
político desvía fondos públicos y no sale en el canal de YouTube del tuitero
que sigo con devoción mariana, simplemente no ha pasado. Los
jueces, la policía judicial y los periodistas de investigación están claramente
comprados por las fuerzas oscuras. Mi algoritmo de confianza solo me muestra lo
bien que inauguran pantanos o rotondas, y esa es la única realidad que necesito
para dormir tranquilo.
6. La ideología como
escudo de fuerza
"Su ideología me parece
estupenda y las del otro partido, no."
La
ideología es maravillosa porque funciona como un limpiador de conciencias
industrial. Si el candidato defiende los sacrosantos valores en los que yo creo
(o que me han dicho que debo creer), tiene carta blanca para saquear las arcas
del Estado. Prefiero mil veces un ladrón que comparta mis prejuicios culturales
a un santo con una agenda social que me obligue a empatizar con el vecino. Al
fin y al cabo, roban, pero... ¿y lo bien que defienden nuestras esencias?
Un par de razones extra
(por si aún te queda un ápice de conciencia limpia)
Los míos ya vienen
"robados" de casa: Este es un clásico del
pensamiento político contemporáneo. Si votas a los nuevos, llegarán con hambre
y querrán llenarse los bolsillos desde cero. Es mucho mejor dejar a los
profesionales de siempre; esos ya tienen los yates pagados, las mansiones
listas y los trajes a medida. Su nivel de avaricia ya está estabilizado. Es una
cuestión de ahorro público, si lo piensas bien.
Nos dan entretenimiento de
calidad: Una política limpia es aburridísima. Suiza,
Escandinavia... ¿Quién quiere vivir en ese tedio institucional donde los
ministros dimiten por pagar un chocolate con la tarjeta del gobierno? Nosotros
queremos acción: filtraciones de audios en la suite de un hotel, persecuciones
policiales, registros con cajas de cartón llenas de documentos y juicios
televisados que dejen a Netflix a la altura del betún.
Votar al corrupto es financiar la cultura del espectáculo.
¿Ves qué fácil es? Vota con el corazón, vota con el estómago, pero sobre todo, vota bloqueando cualquier atisbo de pensamiento crítico. El sistema te lo agradecerá... y el tesorero de tu partido, también.
Y tú, ¿qué
opinas? Puedes dejar tus comentarios más abajo.
Te invito cordialmente a compartir esto con todos tus amigos. Tu apoyo significa mucho. ¡Gracias de antemano!

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