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El fantasma de Damasco

En Siria hay una guerra más cruenta si cabe que la que los medios nos contaron con sordina sobre Libia, ¿se acuerda? Aun no ha pasado un año.



Carro de combate en Homs, Siria
Carro de combate en Homs, Siria

Sin embargo, nos han acostumbrado al diario goteo permanente de muertos, pero todo el mundo mira hacia otro lado. Por supuesto, la ONU ha mandado observadores. Eso ya está mucho mejor, es tan bueno como el Observatorio para la Igualdad de género y génera del Gobierno de España (marca registrada), que aunque ha cambiado el partido que usa el Poder, aun sigue existiendo.

Y está muy bien que con su acostumbrada dureza, la ONU y otras altas instancias internacionales le digan al carnicero de Damasco -con talante y buenas palabras, por favor- que está muy feo eso de masacrar a tu propio pueblo; que ahora, con observadores, te estamos viendo, colega.

Seguro que el hideputa del Presidente sirio se está revolcando de risa. Como se tronchaban de risa en los años 90 en los trozos que quedaban de Yugoslavia todos los asesinos de todos los bandos cuando escuchaban las muy campanudas declaraciones del Sr. Solana, las solemnes resoluciones de la ONU y de la madre que a todos los parió.


Homs, Siria
Homs, Siria
Saben dos cosas los sirios que mantienen el poder: que si se rinden acabarán como Gadafi (el gran amigo de Occidente) y que si siguen gastando munición pesada y ligera, el mundo mirará para otro lado, porque al contrario que Libia, su país no tiene petróleo ni gas. Y en eso están, en masacrar al que se cantea. Nos han cogido la medida. La pena que todo esto suena a repetición de los Balcanes.

Espero ansioso las manifas de los de “No a la guerra” ante la embajada siria, con tanto empuje como el que mostraron ante la embajada rusa cuando Yeltsin y Putin arrasaron Grozni y toda Chechenia.

A veces soy un poco iluso, solo espero que los fantasmas de tanta carnicería no dejen dormir a los que pudiendo arreglarlo miran para otro lado y a los que se manifiestan contra ciertas guerras si y contra otras no, según convenga a la jugada.