Mostrando entradas con la etiqueta Victor Lustig. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Victor Lustig. Mostrar todas las entradas

Sea audaz al entrar en acción o cómo vender la Torre Eiffel

Si se siente inseguro frente a determinado curso de acción, no lo intente. Sus dudas y titubeos se transmitirán a la ejecución del plan. La timidez es sumamente peligrosa; lo mejor es encarar toda acción con audacia.


Cualquier error que usted cometa por ser audaz se corregirá con facilidad mediante más audacia. Todo el mundo admira al audaz; nadie honra al timorato.


En mayo de 1925, cinco de los más exitosos comerciantes en chatarra de Francia fueron invitados a una reunión "oficial" pero "altamente confidencial" con el director general del Ministerio de Correos y Telégrafos en el hotel Crillon, en aquel entonces el más lujoso de París. Cuando los comerciantes llegaron al hotel, el director general en persona, un tal Monsieur Lustig, los recibió en una elegante suite del último piso.

Sea audaz al entrar en acción. Víctor Lustig
Sea audaz al entrar en acción. Víctor Lustig
Los hombres, que no tenían idea de por qué habían sido convocados a aquella reunión, estallaban de curiosidad. Después de servir las bebidas, el director les dijo: "Señores, éste es un asunto urgente que exige absoluta confidencialidad. El gobierno tendrá que demoler la torre Eiffel". Los comerciantes escucharon en atónito silencio mientras el director explicaba que, tal como se había informado hacía poco en los medios, la torre exigía urgentes reparaciones. En un principio había sido levantada como una estructura temporaria (para la Exposición Mundial de 1889), pero los costos de mantenimiento habían crecido de manera exagera-da durante los últimos años, y ahora, en un momento de crisis fiscal, el gobierno tendría que gastar millones para repararla. Muchos parisienses consideraban que la torre Eiffel era una ofensa a la estética y verían con agrado que desapareciera. Con el tiempo, hasta los turistas la olvidarían, y sólo perduraría en las tarjetas postales y en las fotos de época. "Señores -concluyó Lustig-, están invitados a presentar al gobierno sus ofertas por la torre Eiffel."

Lustig les entregó unas hojas que mostraban el membrete del ente estatal; en ellas figuraban las cifras correspondientes al proyecto, como el tonelaje de metal de la torre. Los comerciantes agrandaron los ojos cuando calcularon cuánto podrían ganar con aquella chatarra. Luego Lustig los condujo a una limusina que los aguardaba delante del hotel y los llevó hasta la torre Eiffel. Tras presentar un pase oficial, los guió por la construcción, matizando la visita con divertidas anécdotas. Al final de la recorrida, les agradeció y les pidió que, en el término de cuatro días, le hicieran llegar las ofertas a su suite del hotel.

Sea audaz al entrar en acción. Víctor Lustig vendiendo la Torre Eiffel
Sea audaz al entrar en acción. Víctor Lustig vendiendo la Torre Eiffel

Varios días después de presentadas las ofertas, uno de los cinco comerciantes, un tal Monsieur P., fue notificado de que su oferta había ganado la licitación y que, para asegurar la venta, debía presentarse en la suite del hotel en dos días, con un cheque certificado por más de 250.000 francos (lo que equivaldría hoy a 1.000.000 de dólares), es decir, una cuarta parte del precio total. Contra la entrega de dicho cheque, recibiría los documentos que le transferirían la propiedad de la torre. Monsieur P. estaba excitadísimo: pasaría a la historia como el hombre que compró y demolió el antiestético monumento. Pero al llegar al hotel, cheque en mano, comenzó a dudar del negocio. ¿Por qué tenían que encontrarse en un hotel, y no en un edificio gubernamental? ¿Por qué nunca había tratado con otros funcionarios del gobierno? ¿Se trataba de una farsa o una estafa? Mientras Lustig hablaba de las medidas que debían tomarse para demoler la torre, el comerciante, aún dudoso, contemplaba la idea de echarse atrás.

Sin embargo, de pronto se dio cuenta de que...

CONTINUA EN:

Victor Lustig, El Arte de la Estafa

La condición humana es la que es y no se puede cambiar. Por este motivo encontramos estafadores y estafados. Víctor Lustig, a quien algunos le dan el calificativo de "El rey de los estafadores", consiguió vender la Torre Eiffel, no en una, sino en dos ocasiones. También estafó al mismísimo Al Capone.

Datos biográficos

Victor Lustig

Víctor Lustig, a quien algunos le dan el calificativo de "El rey de los estafadores", consiguió vender la Torre Eiffel, no en una, sino en dos ocasiones. Víctor nació en 1890 y falleció en 1947, era hijo del alcalde de Hostinne, en la República Checa. Estuvo estudiando en Alemania y en Francia o al menos eso pensaba su padre. Tenía una gran habilidad para aprender idiomas y llegó a dominar el inglés, alemán, francés e italiano. Pero esa no era su única habilidad, también se le daban bien los juegos, como el póquer y bridge y fue a lo que se dedicó durante algún tiempo, haciéndose pasar por el "Conde Von Lustig" se embarcaba en los transatlánticos que recorrían Europa en busca de los nuevo ricos americanos.

Estafa al banco


El inicio de la Primera Guerra Mundial hace suspender todos los cruceros por lo que se ve obligado a irse a Estados Unidos. Allí conoce a Nicky Arnstein, otro gran estafador, quien ve en Víctor una promesa, por lo que toma como socio y le enseña todo lo que sabe sobre "el arte de la estafa". Tras una serie de operaciones con éxito se encuentra que tiene un valor de 25.000 dólares auténticos, pero… ¿Por qué cobrarlo directamente? ¿no sería más rentable sacarle más dinero al que ya tenía? Cierto día de 1924, cierto banquero de cierta ciudad de Kansas, recibió la visita de un impecable caballero europeo que decía llamarse "Conde von Lustig" y que por causa de la guerra tuvo que abandonar su país, Austria y vender todas sus propiedades, teniendo en su haber dos bonos de 25.000 dólares cada uno y que pretendía comprar propiedades por la zona. El banco comprueba que el bono que pone sobre la mesa es autentico y encima le da un crédito de 10.000 dólares.
Victor Lustig vendió dos veces la Torre Eiffel

En un determinado momento, Víctor cambia el bono autentico por el falso y se marcha con el bono real de 25.000 dólares y los 10.000 que le "habían prestado". El banco, que como todos los bancos no era muy amigo de perder dinero, cuando descubre la estafa, manda a unos detectives tras el estafador. En contra de lo que se pudiera pensar, Víctor, no ha huido, están tranquilamente esperando a los detectives, que lo arrestan y lo pretenden llevar a la justicia. Durante el viaje, el "conde" les comenta lo perjudicial que podría ser para el banco, el que saliera a luz que había sido timado, estafado y vilipendiado de tal manera. ¿Los clientes tendrán las misma confianza en el banco que tenían antes o les entrará el pánico y retiraran todo el dinero? La habilidad para estafar es en realidad un conjunto de estas, y entre ellas está la de ser capaz de convencer, Víctor quedo libre. Pero si pensabais que la cosa quedaría así, estáis equivocados... dado los perjuicios que les habían ocasionado deteniéndolo tuvieron que compensarlo con 1.000 dólares.


Vender la Torre Eiffel
Tras aquello regresa a París en...

CONTINÚA EN: