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Wu Zetian, una mujer en el trono del Imperio del Centro


Como muchas civilizaciones, China ha estado dominada por los hombres durante gran parte de su historia. Hasta hace muy poco, las mujeres tenían pocos derechos, y el poder directo se les negaba por completo.


Wu Zetian, una mujer en el trono del Imperio del Centro
Wu Zetian, una mujer en
el trono del Imperio del Centro

Era algo insólito que una mujer consiguiera el título de emperador y se convirtiera en la figura más poderosa de China. Solo una fue capaz de hacerlo en toda la historia del país. Y no fue otra que Wu Zetian, una de los gobernantes más notables (entre hombres o mujeres) que el mundo haya visto


Concubina Wu 

Wu era una niña asombrosamente bella y, a los 13 años (aprox. en el 639 d. C.), se convirtió en concubina del emperador Taizong. No tuvo ningún hijo con él y, a la muerte de éste en el 649, se marchó de palacio para convertirse en monja budista, una práctica común para las concubinas sin hijos en aquella época. Y aquí debía haber acabado su historia. No obstante, el destino iba a darle otra oportunidad para alcanzar la gloria.

Como gran parte de la política actual china, esto se complica mucho. La emperatriz Wang, esposa del emperador de aquel momento, Gaozong (hijo del anterior emperador, Taizong), temía que éste se enamorara demasiado de su consorte Xiao. Era un motivo de preocupación, porque se sabía de consortes que en el pasado habían desbancado a emperatrices y las habían hecho matar. Para distraer a su esposo de las atenciones de la consorte Xiao, la emperatriz hizo que Wu, que aún era joven y hermosa, regresara al palacio y se reincorporara como consorte.

Wu Zetian, una mujer en el trono del Imperio del Centro
Wu Zetian, una mujer en el trono del Imperio del Centro
La táctica tuvo éxito (demasiado éxito, de hecho) ya que, en unos años, Wu había desbancado tanto a la consorte Xiao como a la emperatriz Wang en el afecto del emperador Gaozong. Mataron a ambas mujeres, y ella consiguió el título de emperatriz. Algunos historiadores creen que ella misma mató a su propia hijita y culpó a la emperatriz del asesinato. Aunque no se ha demostrado, los hechos que siguieron indican que podría haberlo hecho perfectamente.

Emperatriz consorte Wu 

Como emperatriz consorte, Wu maniobró rápidamente para consolidar su poder. Forjando alianzas con funcionarios poderosos, hizo que...
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Centro, armonía, equilibrio


La situación en que nos hallamos cuando todavía no se han desarrollado en nuestro ánimo la alegría, el placer, la cólera o la tristeza, se denomina "centro". 


Centro, armonía, equilibrio
Centro, armonía, equilibrio
En cuanto empiezan a desarrollarse tales pasiones sin sobrepasar cierto límite, nos hallamos en un estado denominado "armónico" o "equilibrado". El camino recto del universo es el centro, la armonía es su ley universal y constante. 

Cuando el centro y la armonía han alcanzado su máximo grado de perfección, la paz y el orden reinan en el cielo y en la tierra, y todos los seres alcanzan su total desarrollo. 

El hombre noble, cualesquiera que sean las circunstancias en que se encuentre se adapta a ellas con tal de mantenerse siempre en el centro. 

En cuanto conseguía una nueva virtud, se apegaba a ella, la perfeccionaba en su interior y ya no la abandonaba en toda la vida.

Carácter chino "zhong",  que significa "centro"
Carácter chino "zhong",
 que significa "centro"
Mucho más excelente es la virtud del que permanece fiel a la práctica del bien, aunque el país se hay carente de leyes y sufra una deficiente administración.

El camino recto o norma de conducta moral debemos buscarla en nuestro interior. No es verdadera norma de conducta la que se descubre fuera del hombre, es decir, la que no deriva directamente de la propia naturaleza humana.

Quien desea para los demás lo mismo que desearía para sí, y no hace a sus semejantes lo que no quisiera que le hicieran a él, éste posee la rectitud de corazón y cumple la norma de conducta moral que la propia naturaleza racional impone al hombre.

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http://www.elartedelaestrategia.com/confucio_2_libro.html