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El ojo y la espada - cuento zen -

“Durante las guerras civiles en el Japón feudal, un ejército invasor podía barrer rápidamente una ciudad y tomar el control. 


En una aldea en particular, todos huyeron momentos antes de que llegara el ejército; todos excepto el maestro de Zen.

El ojo y la espada - cuento zen -
El ojo y la espada - cuento zen -
Curioso por este viejo, el general invasor fue hasta el templo para ver por sí mismo qué clase de hombre era este maestro. Como no fue tratado con la deferencia y sometimiento a los cuales estaba acostumbrado, el general estalló en cólera.

-¡Estúpido! – le gritó mientras alcanzaba su espada- ¡No te das cuenta que estás parado ante un hombre que podría atravesarte sin cerrar un ojo!

Pero a pesar de la amenaza, el maestro parecía inmóvil.

- ¿Y usted se da cuenta, – contestó tranquilamente el maestro- que está parado ante un hombre que podría ser atravesado sin cerrar un ojo?”


Lenguaje corporal, los gestos de los ojos

Miradas que expresan más que las palabras



Lenguaje corporal, los gestos de los ojos
Lenguaje corporal, los gestos de los ojos

La mirada forma parte del lenguaje corporal, éste consiste en expresiones del cuerpo que demuestran mucho más de lo que se dice con palabras. Los psiquiatras y psicólogos estudian el lenguaje corporal debido a que es necesario para el desempeño de su profesión, pero el común de las personas no están demasiado al tanto de que existe la posibilidad de interpretar lo que realmente siente o piensa una persona sólo con observar sus ojos, gestos, posturas y el tono de voz.

 

Lenguaje corporal de los ojos

Los ojos son el espejo del alma, eso dice la vieja frase y se refiere a que los ojos expresan lo que se siente, en cambio la boca dice lo que conviene. Para aprender a estudiar el lenguaje corporal lo primero debe ser saber leer en los ojos de los demás para descubrir que es lo que verdaderamente expresan.

* Por ejemplo las pupilas dilatadas están demostrando...

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El ojo tonto de Dios


Pintaban a Dios con un triángulo que contiene un ojo. Una alegoría de la Trinidad y de que la divinidad observa todos y cada uno de los actos que realizamos. Gracias al avance tecnológico y al abaratamiento de materiales y manufacturas, ya se ha logrado emular a Dios. Y como el Dios de la fe, nadie sabe quien es.

Es imposible atravesar a pie o en vehículo una ciudad occidental sin que por lo menos una cámara te mire. Y que te grabe, que es más mosqueante. Desconozco en muchos casos quien está al otro lado de la lente. Como el precio de estos sistemas es razonablemente barato, está al alcance de cualquier particular. Raro es el día que los informativos no aparece una noticia grabada por cámaras de ¿seguridad?, ya sean robos, accidentes o cualquier otro suceso, que en eso se han convertido los informativos. Sume esto al fenómeno de Youtube y Google Earth, y creo que ni Dios tiene tantos ojos. Da que pensar, sobre todo qué veremos y qué verán de nosotros en diez años.

Pero no sólo por los ojos entra la información. Internet, tarjetas de crédito, llamadas de teléfono, todo deja una clara huella de nuestras andanzas por el planeta. Creo que Dios (o su sucedáneo en al Tierra) sabe mucho mas de nosotros que nosotros mismos. Mal asunto.

Pero lo más triste no es que no nos importe, que ya es alarmante y justificable por la implantación suave y sin estridencias de todo este montaje. Lo más misterioso es que nos gusta. Que disfrutamos. Que nos encanta salir en la TV, y a falta de ella, en Youtube, y si eso no cuela, en cualquier cámara de seguridad. Y desnudar nuestras miserias, sin cortarnos un pelo. Los que no logran desnudar sus vidas en la TV, ahora lo tienen fácil mediante las redes sociales en Internet. A mi me asombra la información privada y a veces íntima que el personal airea al mundo. No me extraña que los curas se quejen que nadie confiesa sus pecados. Se equivocan, se confiesan ante el Dios del rebaño. Para los más discretos, pensamos que todo este montaje es por nuestro bien, por nuestra seguridad. No nos acordamos que cada vez que alguien hizo algo por nuestro bien salimos bien jodidos.

Al día de hoy, el Hombre Invisible lo tendría muy, pero que muy jodido. Sobre todo cuando, por ley y por nuestro bien, el Gobierno nos ponga un sistema de cámaras en casa.