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2 de junio de 2011

El oráculo de los prudentes, según Baltasar Gracián

A lo largo de trescientos aforismos comentados, Baltasar Gracián nos ofrece en el Oráculo Manual y Arte de Prudencia un conjunto de normas y estrategias para triunfar en una sociedad compleja y en crisis, como también lo era la de su tiempo.

Expone Baltasar Gracián un saber eminentemente práctico. Toda la sabiduría, la estrategia, la inteligencia, el discurso lo basa en salir airoso y conn arte de cualquier situación y en manejarse con soltura en la vida cotidiana. Gracián es maestro en indicarnos la forma de establecer el trato con los demás y en cómo hay que relacionarse con quien se pueda aprender, con quien se pueda contrarrestar algunos excesos o con quien podamos obtener algún beneficio. A continuación puede leer algunos de sus aforismos:

Manejar los asuntos con expectación. Los aciertos adquieren valor por la admiración que provoca la novedad. Jugar a juego descubierto ni gusta ni es útil. No descubrirse inmediatamente produce curiosidad: especialmente cuando el puesto es importante surge la expectación general. El misterio en todo, por su mismo secreto, provoca veneración. Incluso al darse a entender se debe huir de la franqueza. El silencio recatado es el refugio de la cordura.

Hacerse indispensable. No hace sagrada la imagen el que la pinta y adorna, sino el que la adora. El sagaz prefiere los que le necesitan a los que dan las gracias. La esperanza cortés tiene buena memoria, pero el agradecimiento vulgar es olvidadizo y es un error confiar en él.

Eludir los defectos de su nación. Ninguna nación se escapa de algún defecto innato, incluso la más culta, defecto que censuran los Estados vecinos como cautela o como consuelo. Corregir, o por lo menos disimular, estos efectos es un triunfo; con ello se consigue el crédito de único entre los suyos, pues siempre se estima más lo que menos se espera.

Tratar con quien se pueda aprender. El trato amigable debe ser una escuela de erudición, es y la conversación una enseñanza culta. El prudente frecuenta las casas de los hombres eminentes. Hay que complementar lo útil del aprendizaje con lo gustoso de la conversación.

El fondo y la forma. No basta la sustancia, también se necesita la circunstancia. Los malos modos todo lo corrompen, hasta la justicia y la razón. Los buenos todo lo remedian: doran el no, endulzan la verdad y hermosean la misma vejez. En las cosas tiene gran parte el cómo.

Tener inteligencias auxiliares. Es una gran suerte de los poderosos acompañarse de hombres de gran entendimiento que les saquen de todos los problemas causados por la ignorancia y que incluso peleen por ellos las luchas más difíciles. El que no pudiera alcanzar a tener la sabiduría en servidumbre, que la alcance en la amistad.

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