16 de agosto de 2011

Controlar las opciones a tu favor. El poder de la mente

Cuentan que en la Edad Media un hombre de grandes dotes fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente en el reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.

Juicio amañado
El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasa o nula oportunidad de escapar a la horca. El Juez, también parte de la trama, cuidó sin embargo de aparentar todo el aspecto de un juicio justo. Por ello dijo al acusado:

– Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino.

El funcionario había preparado dos papeles iguales con la palabra 'culpable' y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era corrupto.

No había posibilidad de escapar. El Juez ordenó entonces al hombre a tomar uno de los papeles. Éste respiró profundamente, quedó en silencio por unos instantes con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:

– ¿Pero qué hizo? ¿Y ahora? ¿Cómo vamos a saber el veredicto?

Él hombre respondió:

– Es muy sencillo. Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos lo que decía el que me tragué.

Con caras de enfado mal disimuladas debieron liberar al acusado y jamás volvieron a molestarlo.

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3 comentarios:

  1. ;D
    Me he reido con la agilidad del acusado. A fin de cuentas, parece que si estuvo en la mano de Dios la vida del hombre.

    Saludos Carolus

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  2. Marchando una twitteada para Carolus.

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