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9 de agosto de 2011

Maquiavelo y las cosas engañosamente buenas

Maquiavelo nos escribe sobre el "pan para hoy y hambre para mañana", demagogia intemporal, también en el presente. Pero si el pueblo se desengaña y desconfía de todos sus líderes, también va camino de la ruina.

Maquiavelo y la demagogia
El pueblo desea muchas veces su ruina engañado por una falsa apariencia de bienestar, y fácilmente se le agita con grandes esperanzas y halagüeñas promesas. En esto hay que notar dos cosas: la primera, que el pueblo, engañado muchas veces por una falsa apariencia de bienestar, desea su ruina, y si no le prueba alguno en quien tenga confianza lo que es bueno y lo que es malo, queda expuesta la república a infinitos daños y peligros; siendo inevitable su ruina cuando desgraciadamente el pueblo no tiene confianza en nadie, como a veces ocurre, por haberle engañado los acontecimientos o los hombres.

Al tratar de cuándo es fácil y cuándo es difícil persuadir a un pueblo, hay que hacer la distinción de si lo que se le va a aconsejar presenta al primer aspecto ganancia o perdida, y si es un acto magnánimo o despreciable. Cuando, presentado el asunto al pueblo, ve éste ganancia, aunque en el fondo se oculte pérdida, y cuando le parece magnánimo, aunque encubra la ruina de la república, siempre será fácil persuadir a la multitud: en cambio será siempre difícil que apruebe lo propuesto si en la apariencia hay pérdida o cobardía, aunque conduzca a provecho o salvación del estado. (Discursos, 1, LIII)

La sabiduría secreta
de Maquiavelo

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