Un hombre se enteró de que había un mercader que vendía un genio que complacía todos los deseos.
Fue a comprarlo y el vendedor le advirtió: «Tienes que pedirle deseos continuamente, si no, te cortará la cabeza». «No te preocupes. Son tantas las cosas que deseo que no tendrá tiempo para descansar», respondió el comprador.
Salió del lugar y, al poco, el genio le dijo: «¿Y bien amo, qué deseas?». «Deseo un enorme palacio», respondió. Y, en pocos segundos, apareció ante él. «¿Qué más?», preguntó el genio. «Un harén con hermosas mujeres». Al instante, bellas jóvenes le rodearon. «¿Y ahora?». «Un banquete lleno de gente y ricos manjares». «Concedido».
Al instante, el hombre corrió aterrorizado ante el mercader. «El genio es tan rápido que no sabré que más pedir y me matará. ¡Ayúdame!». «Te avisé, pero te ayudaré. Dile al genio que construya una escalera y que suba y baje por ella hasta que le digas que pare. Mientras, puedes dejar de desear y disfrutar de lo que ya tienes», le aconsejó el vendedor.
Y es que muchas veces ansiamos poseer y poseer sin disfrutar de lo que ya tenemos.
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