¡Desastre épico! Un hombre intenta impresionar a chismosas, solo logra una vergonzosa serie de caídas. La moraleja es impactante.
Un hombre pasó por una calle donde un grupo de ancianas chismosas estaban sentadas en la puerta de una casa, comentando la vida de los transeúntes.
Para no flaquear frente a las ancianas, el hombre puso mala cara. Cambió su postura y la forma en que caminaba... pero tropezó gravemente.
Cayó ante las ancianas.
La caída fue tan fea que sus piernas se agitaron en el aire, y la bolsa que tenía en la mano se abrió, dejando al descubierto una vieja sandalia, remendada con clavos.
Para mantener su postura, se puso de pie con cara de pocos amigos y, con una bofetada, golpeó el polvo de su trasero.
La bofetada, sin embargo, rasgó los pantalones cortos, exponiendo su ropa interior rota y elástica.
Todavía fingiendo que todo estaba bajo control, recogió sus pertenencias y levantó la cabeza, caminando a grandes zancadas.
Pero cuando levantó la cabeza, chocó contra un poste, casi se rompe la nariz y el sombrero salió volando, revelando la calva que había estado escondiendo durante meses.
Aun así, siguió tratando de mantener su postura, mirando hacia un lado, tratando de desviar la atención de las ancianas hacia otra dirección.
Pero fue peor: pisó la cola de un perro.
El perro le mordió la espinilla y salió corriendo, con el perro entre las piernas.
En la conmoción, el polvo se levantó y el zapato arrancó la suela.
El hombre llegó a casa descalzo, con la cabeza calva expuesta, la espinilla sangrando, la nariz arrugada y la mitad del trasero sobresaliendo, todo porque le preocupaba causar una buena impresión en los demás.
Moraleja de la historia: Aquellos que están preocupados por lo que pensarán los demás... Solo se causa desgracias a sí mismo. Ver Lo que nunca te enseñaron
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