La promesa de ropa de abrigo mató al guardia: nunca hagas promesas vacías que generen esperanza, pues matan la confianza y el respeto.
El invierno era gélido. Un rey, abrigado y a salvo, preguntó a un guardia que vigilaba en el frío intenso: "¿No tienes frío?". El guardián respondió con humildad y disciplina: "Estoy acostumbrado, mi querido rey". El monarca, con un gesto de aparente bondad, le hizo una promesa: "Bien, daré la orden de que te traigan ropa de abrigo".
Esta anécdota, convertida en una impactante lección de vida, revela el poder destructivo de la palabra no honrada. La promesa del rey, aunque bien intencionada, se convirtió en una carga fatal.
Cuando el rey entró en el palacio, olvidó completamente dar la orden. A la mañana siguiente, encontraron el cuerpo congelado del guardia cerca de la pared. Lo que encontraron grabado en la superficie fue una verdad demoledora: "Mi rey, estaba acostumbrado al frío, pero tu promesa de ropa abrigadora me mató." Ver El poder de tu mente
Esta historia es un recordatorio de que nunca se deben hacer promesas vacías, especialmente aquellas que siembran esperanza y expectativas en otros. El guardia estaba mentalmente preparado para el frío hasta que la expectativa de un alivio prometido le permitió sentir el dolor en toda su intensidad.
El precio irreparable de las promesas vacías
La gente cambia mientras espera. Una promesa incumplida siembra pensamientos negativos irreparables sobre quien la hizo. Primero se mata la esperanza.
A su vez, mueren el amor, el respeto, la confianza, la amistad y la comunicación. El daño es profundo y va más allá de la omisión inicial. Una promesa a la ligera puede destruir los cimientos de cualquier relación. Si no estás seguro de poder cumplir, es fundamental guardar silencio. Ver El fascinante arte de la estrategia
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