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¿A qué quieres que te gane?

Me han vuelto a llamar antipatriota. No es la primera vez, ni será la última, estoy seguro.


Atleta paralímpico Xavi Torres
Atleta paralímpico Xavi Torres
Todo por decir que me la trae al pairo los resultados de la selección española de futbol. Me dicen que ya saben que no me gusta el futbol, pero, hombre, ¡es que juega España! Como ya tengo réplica preparada, les respondo que puestos a ser patriota con los deportes, lo soy con los paraolímpicos. Como por ejemplo, con Teresa Perales,  que tiene en su haber ¡dieciséis medallas olímpicas! Con un par de genitales, que suplen con creces su minusvalía. Con estas personas sí que me siento más español y más persona. Me descubro las veces que haga falta. A ver qué millonario que además juega al futbol le echa tanto coraje. Nunca me han replicado ante esta contestación. Si a usted le ocurre lo que a mí, puede copiar esta respuesta, no falla.

También circula un eslogan muy curioso por la red y por los medios: “soy español, ¿a qué quieres que te gane?”. Naturalmente, se refiere a los deportes, futbol, baloncesto, tenis, ciclismo, etc. Que digo yo que si algunos de nuestros mejores paisanos son excelentes en un deporte, no quiere decir que el resto de los españolitos lo seamos. De hecho, ni siquiera nos molestamos en copiar el secreto de su éxito: perseverancia, esfuerzo, disciplina y trabajo. A muchos de los que gritan con la cara pintada en el estadio no les suenan estos conceptos, pero se sienten muy patriotas. Más patriotas que yo, por ejemplo; y además expiden carnet de patriota, como cuando hace pocos meses se expedía el carnet de talante y buen rollito.

Soy español, ¿a qué quieres que te gane?
 Soy español, ¿a qué quieres que te gane?
Esta frase de "soy español" acojonaba lo suyo en tiempos de los Tercios (Siglos XVI y XVII, para los de la LOGSE); pero ahora, en fin, para que les voy a contar como anda el prestigio patrio por fuera de España. De todas formas, es justo reconocer que todos los españolitos ganamos por goleada a cualquier país de nuestro entorno (o del mundo, a veces) en:

- Porcentaje de aeropuertos por persona

- Porcentaje de vehículos oficiales por persona. También en números absolutos.

- Porcentaje de políticos por persona (mucho mayor que la de bomberos, policías y médicos juntos)

- Porcentaje de corruptos por persona

- Deuda de los clubes de futbol con Hacienda. Nadie se queja, ni siquiera los "indignados"

- Paro de todas las edades respecto a la UE y Turquía.

- Paro juvenil respecto a la UE y en algunos países cercanos que no son de la UE

- Fracaso escolar y calidad de la enseñanza

- También ganamos en tirar los restos de la consumición al pie de la barra del bar (creo que somos campeones mundiales y que este detalle explica muchas cosas)

Y dejo de escribir, porque la lista es bastante larga. Hay que joderse, que antipatriota que soy, ¿verdad?

No me extraña que haya tanto sinvergüenza en este predio de Caín, hay infinidad de gilipollas que no les importa ser engañados, oé, oé, oé. Campeones, que somos unos campeones.

Tal vez le interese, para que, como a mi, le sirva de inspiración y que vea que aun hay muchas personas que, aunque no salgan en la caja tonta, son ejemplo a seguir:




Don Quijote ha muerto, viva Sancho Panza

Ya no queda nada de las virtudes de Don Quijote, ni de la lealtad, sentido común y mesura de Sancho. No hay mas Dios que el dinero, ni mas Dulcinea que a quien ves en el espejo, campa la envidia y ya todo es un sin Dios.  

Muerte de Don Quijote.
Grabado de Gustavo Doré
En esta vieja, remendada y acuchillada piel de toro hace ya tiempo que murió un hidalgo, ingenioso como pocos, defensor de desvalidos, caballero de triste figura y de lanza en ristre, loco en vida y cuerdo en la muerte, llamado Alonso Quijano y más conocido por todos como Don Quijote de la Mancha. A su muerte, no dejó descendencia, salvo sobrinos y primos lejanos que presto corrieron a repartir su magra herencia, no sin antes entre ellos haber peleado como leones y aun como hienas por los despojos del finado, como es costumbre en Hispania desde tiempos de Sertorio y de Viriato.

Su fiel escudero Sancho Panza, no sabiendo que hacer con su montura, malvendió su Rocinante y con lo que de éste sacó, compró unos gorrinos que aumentaron su hacienda y la de sus hijos, que no eran pocas las bocas a alimentar.

Sancho Panza y su burro.
Grabado de Gustavo Doré
Y habiendo acabado el siglo, que se le acertó en llamar de Oro por los literatos con los que España deslumbró al mundo; como en todas las cosas mundanas, al llegar al máximo esplendor, no tuvo sino que caer, ya que subir mas no pueden,  y así empezó España a deslizarse hacia un pozo sin fin.

Soldados viejos como Miguel de Cervantes, que perdió una mano batallando en Lepanto contra el Turco; o Calderón, que pasó lo suyo en Flandes, y tantos otros que ahora no queremos recordar, fueron fénix de la pluma y de la espada para mayor gloria de España. Ahora son espectros que incordian la memoria de una historia dura y seca como la tierra que a todos nos parió.

En estos tiempos y en esta piel de toro en la que ya es escándalo torear, poco queda del linaje de don Quijote, y sólo los hijos de Sancho heredaron Celtiberia. Y esta estirpe, más que recoger la virtudes de su simple padre -que las tenía y en abundancia-, se juntaron con la del Buscón Don Pablos y tantos otros pícaros y buscavidas que en este patio de Monipodio se afanan para llevarse lo suyo sin dar palo al agua.

Ya no queda nada de las virtudes de Don Quijote, ni de la lealtad, sentido común y mesura de Sancho. No hay mas Dios que el dinero, ni mas Dulcinea que a quien ves en el espejo, campa la envidia y ya todo es un sin Dios.  Si por un azar de la fortuna alcanza a nacer un Don Quijote, en esta tierra donde vaga errante la sombra de Caín, presto se juntan todos los Sanchos, buscones, zafios, brutos, gañanes, pisaverdes, trepas, arribistas, cuentistas y demás tropa - menuda tropa-, para ponerlo a buen recaudo. 

Así, desde hace siglos, en este ingrato solar de esta patria con los muros siglos ha desmoronados, cada vez que un Quijote aparece, cien Sanchos le embisten y le hielan el corazón hasta que el hidalgo abandona su locura y muere feliz en la cordura del rebaño.

No interrumpir al suicida


Este domingo vi una escena de la España real, no de la que sale en la TV ni de la que nos quiere vender la casta política. 

Con su caballete, lienzo y pinceles; una persona del Este de Europa, creo que ruso, estaba pintando al natural en una céntrica plaza. A su alrededor había curiosos apreciando su arte. Curiosamente eran todos moros. Y digo moros porque decir magrebíes es una chorrada, porque “al-magreb” quiere decir “al oeste”. De la Meca, por supuesto. Sin embargo, lo de moro viene de la Mauritania romana que abarcaba lo que hoy es Marruecos, Argelia y Túnez. Esta expresión sólo es despectiva en la boca de quien con ese tono lo dice. Vaya esta explicación por la corrección política de los cojones, aunque estoy seguro que diciendo moro, Usted ya me entendió. Sin rodeos y sin complejos.

Bueno, a lo que íbamos. El ruski y los moros estaban comentando el cuadro y hablando de lugares comunes conocidos ¡en español! Y en español bastante fluido, que lo he oído peor hablado por españoles de toda la vida. Así que deduje varias cosas.

Deduje que los españoles somos los peores del mundo aprendiendo idiomas. Cualquier otro ciudadano del mundo aprende otra lengua en un tiempo record que al españolito le parece brujería. Tal vez la necesidad sea una buena maestra de idiomas.

Deduje que estamos gilipollas los españoles. Que resulta que una de las lenguas que más crece en el mundo es el español. EE.UU. ya es el país con más hispanohablantes del mundo y es bilingüe de hecho. Toda América se entiende en español, donde no es lengua oficial es el segundo idioma. Esta vieja y rica lengua sirve entre otras cosas para que toda la población multirracial que habita la piel de toro se pueda entender entre si y que la exporte a su país junto a los euros que tan duramente se ha ganado. Y sin embargo los españolitos de toda la vida somos incapaces de entendernos en el idioma común porque la lengua que se habla en los dominios de mi cacique es otra y debe excluir a la lengua opresora de España. Si no es Usted español ni conoce lo que aquí se cuece, me imagino que no entenderá gran cosa. No se preocupe, yo tampoco entiendo nada.

Decía Napoleón que no hay que interrumpir a un enemigo que se está suicidando. Tal vez por eso ninguna nación, grupo o interés ajeno nos está interrumpiendo. ¿Para qué iba a hacerlo? Nosotros solos nos podemos machacar mucho mejor que cualquier otro factor externo. No sería la primera vez.