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El puente

Había una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en dos casas de una hermosa campiña.


Por problemas pequeños, que al acumularse sin resolverse se fueron haciendo grandes con el tiempo, los hermanos dejaron de hablarse. Incluso evitaban cruzarse en el camino.

El puente
El puente
Cierto día llegó a la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría trabajo para él. Tomás le contestó:

-¿Ve usted esa madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he cortado ayer. Mi hermano Javier vive en frente y, a causa de nuestra enemistad, desvió ese arroyo para separarnos definitivamente. Así que yo no quiero ver más su casa. Le dejo el encargo de hacerme una cerca muy alta que me evite la vista de la casa de mi hermano.

Tomás se fue al pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.

Cuál no sería su sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca, encontró que el carpintero había construído un hermoso puente que unía las dos partes de la campiña.

Sin poder hablar, de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese momento estaba atravesando el puente con una sonrisa:

- Tomás, hermano mío, no puedo creer que hayas construído este puente, habiendo sido yo el que te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos se abrazaron.

Cuando Tomás se dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:

- Buen hombre, ¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?

- No, gracias —contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que construir!


La venganza mas refinada

Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.



José en Egipto
José en Egipto

Y enviaron a decir a José: tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban. Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: henos aquí por siervos tuyos. Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón. Y habitó José en Egipto, él y la casa de su padre; y vivió José ciento diez años. Y vio José los hijos de Efraín hasta la tercera generación; también los hijos de Maquir hijo de Manasés fueron criados sobre las rodillas de José. Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.
Muerte de José. Génesis, Cap. 50

Después de que José huyera de la mujer de Putifar, y tras varias peripecias, como la de interpretar los sueños del Faraón, logró medrar en tierra extraña. Ciertamente era una persona excepcional, pues perdonó a sus hermanos que en su día quisieron matarle y al final truncaron su aciago destino en esclavitud de por vida.


Éxito
Éxito

Pero tal vez lo que al final hizo José fue la venganza más refinada: el éxito. Muchas veces recibimos agravios infundados o reales, tanto da; y lo primero que hacemos es gastar inútiles energías en planear y ejecutar la venganza. Esta venganza, si se lleva a cabo en su totalidad, creará la simiente de otra venganza, y así se irán encadenando como cerezas en una cesta. Evidentemente, no es práctico este tipo de venganza, pues ambas partes serán destruidas.

Si estas energías se encauzan hacía conseguir un éxito personal fuera de toda duda, nos elevamos de tal forma sobre la situación anterior que la venganza nos parecerá una niñería. Además, conseguiremos que la parte que nos agravió al final venga a nosotros de forma humilde a solicitar el perdón como personas poderosas que seremos. Y si de todas maneras, la fortuna nos niega el triunfo, también nos habremos vengado por medio de la indiferencia y no nos habremos destrozado con el fuego interior del odio. Además, si somos pacientes, sentados en la puerta de nuestra casa veremos pasar el cadáver de nuestro enemigo. Venganzas sí, pero con inteligencia y a nuestro favor.

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