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27 de febrero de 2012

Antiguos Consejos de los 12 Sabios

El libro de los doce sabios es un compendio de sabiduría política y moral clásica pasada por manos «orientales», destinada a reyes, príncipes y gobernantes. Fue encargado hacia 1237 por Fernando III el Santo, rey de Castilla



Fernando III de Castilla
Fernando III de Castilla

De como debe haber en el rey o príncipe o regidor de reino poca codicia.

Codicia debe haber poca el rey o príncipe o regidor de reino, y debe huir della, como sea la más vil cosa, y en menos tenida de toda las del mundo. Y es raíz de todos males, y destruimiento de todas virtudes, y enflaquecimiento de corazón, y ensuciamiento de voluntad, corrompimiento de seso, familiar de los pecados, perdimiento del alma, denuesto al mundo, aborrecimiento de Dios y de las gentes de buena voluntad. Y tantas desordenanzas y yerros acaecen della que sería luengo de contar. Cerca de sus propiedades los sabios dicen sus dichos ante desto en el tratado de codicia. Pero no deje de ser codicioso de hacer buenos hechos y grandes hazañas y conquistas, y de los bienes y de las virtudes que viere en otros haber, codicia de las haber, y de hacer otras cosas semejantes. Que ésta es la buena codicia, y turable, y gloriosa ante Dios y famosa al mundo.


En que el rey no desprecie el consejo de los simples.

No desprecies el consejo de los simples, y sobre gran cosa, o a que se requiera juicio, ayunta a los grandes y a los pequeños, y tendrás en que escoger. Que muchas veces envía Dios su gracia en personas que no se podría pensar, y los consejos son gracia de Dios, y no leyes escritas. Aunque el fundamento de cada cosa sea buena razón, tan aína y más es dotada a los simples como a los letrados, a los chicos como a los grandes poderosos. Y recibe todos los dichos de los que vinieren a ti, que mientras más echan en el saco, más aína se finche.

En que el rey no se arrebate a hacer ningún hecho hasta que lo piense.

No te arrebates a hacer ningún hecho hasta que primeramente lo pienses, salvo cuando vieres a tus enemigos delante ti. Que aquí no hay que pensar, salvo herir reciamente y pasar adelante.

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