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20 de junio de 2012

Los buenos gerentes no toman decisiones normativas

Consideremos las siguientes nociones relacionadas con los gerentes: las cosas se complican menos cuando el gerente llega al vértice de la pirámide


Los buenos gerentes no toman decisiones normativas
Los buenos gerentes no toman
decisiones normativas
El gerente de alto nivel sabe todo lo que está ocurriendo en la organización puede utilizar los recursos que sean necesarios y, por consiguiente, puede ser más determinante; el día normal de un gerente se agota en la formulación de objetivos precisos; la tarea principal de un gerente de alto nivel es conceptuar proyectos a largo plazo.

Sugiero que ninguna de estas declaraciones por separado o en conjunto presenta un panorama claro de lo que un gerente general debería hacer. Pero, entonces, ¿cuáles son las características que un gerente debería poseer? En mi opinión, un gerente debería contar con los siguientes cinco talentos o habilidades:

1. Mantenerse bien informado


Sobre un amplio número de las decisiones operativas que se toman en diveros niveles de la compañía. Desarrollar una buena cantidad de fuentes de información en todos los departamentos. Cuando sea necesario, buscar más de una versión de los hechos.

2. Concentrar el tiempo y la energía



Un buen gerente reconoce que sólo le puede prestar atención a un reducido número de situaciones; así que, debe dedicarse a aquellos asuntos que tendrán un mayor impacto a largo plazo en la compañía, y en los que sus habilidades particulares puedan ser más productivas.

3. Practicar el juego del poder



La idea según la cual el que hace el primer movimiento siempre fuerza nuevos programas es errónea. El gerente exitoso es sensible a la estructura de poder de la empresa. En el momento de considerar una propuesta de importancia, es capaz de apoyar u oponerse con determinación. Pero, a medio camino entre estas dos posibilidades, existe un área de indiferencia en la que caen, por lo general, algunos aspectos de la propuesta. Y, este es el punto en el que él sabe que puede operar. Debe calcular la naturaleza de la oposición, para obtener una percepción clara de la situación que reina en los “pasillos de la indiferencia”. Y, tratar de no plantear desafíos cuando un pasillo esté cerrado.

4. Practicar el arte de la imprecisión


El gerente exitoso sabe cómo hacer que la organización tenga un sentido de orientación sin que esto signifique comprometerse públicamente con ciertas metas en particular. Esto no quiere decir que no tenga objetivos (personales, corporativos, a largo y corto plazo). De hecho, estos guían su pensamiento, y son modificados a medida que obtiene una mejor visión de conjunto. Un buen gerente debería rehuir explicar con demasiada precisión sus metas dentro de la organización, porque las condiciones en los negocios cambian rápidamente. Las estrategias corporativas deben tomar esto en consideración.

5. Valerse del desorden


Esta última habilidad no tiene nada que ver con la doctrina según la cual la gerencia es (o debería ser) una ciencia comprensiva, lógica, sistemática y bien programada. Esta es una de las peores herejías que queremos contrarrestar. El desorden también juega un papel importante en la planificación. En vez de crear un árbol definitivo de decisiones, los gerentes exitosos comienzan con una ramita, la hacen crecer, y, luego, pasan a las ramas; pero, sólo cuando han determinado cuánto peso resisten las mismas. El gerente general yace en un constante torbellino de decisiones operacionales, y sabe lo innecesario que resulta decir, por ejemplo: “este es un problema de finanzas” o “ese es un problema de comunicaciones”. El gerente exitoso no siente la necesidad de clasificar. En otras palabras, tolera con facilidad la ambigüedad.

Publicado originalmente en sept/oct de 1967 en Harvard Business Review


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