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15 de mayo de 2013

El sueño del Faraón

La enseñanza es clara: cuando hay bonanza, excedentes y todo se desarrolla de forma óptima, no hay que derrochar en lujos innecesarios, sino hacer acopio de lo que sobra para cuando vengan tiempos más duros en los que la escasez sea la norma.



Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río; y que del río subían siete vacas, hermosas a la vista, y muy gordas, y pacían en el prado. Y que tras ellas subían del río otras siete vacas de feo aspecto y enjutas de carne, y se pararon cerca de las vacas hermosas a la orilla del río; y que las vacas de feo aspecto y enjutas de carne devoraban a las siete vacas hermosas y muy gordas. Y despertó Faraón. Se durmió de nuevo, y soñó la segunda vez: Que siete espigas llenas y hermosas crecían de una sola caña, y que después de ellas salían otras siete espigas menudas y abatidas del viento solano; y las siete espigas menudas devoraban a las siete espigas gruesas y llenas. Y despertó Faraón, y he aquí que era sueño.


El sueño del Faraón
El sueño del Faraón

Sucedió que por la mañana estaba agitado su espíritu, y envió e hizo llamar a todos los magos de Egipto, y a todos sus sabios; y les contó Faraón sus sueños, más no había quien los pudiese interpretar a Faraón. Entonces el jefe de los coperos habló a Faraón, diciendo: Me acuerdo hoy de mis faltas. Cuando Faraón se enojó contra sus siervos, nos echó a la prisión de la casa del capitán de la guardia a mí y al jefe de los panaderos. Y él y yo tuvimos un sueño en la misma noche, y cada sueño tenía su propio significado. Estaba allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a su sueño. Y aconteció que como él nos los interpretó, así fue: yo fui restablecido en mi puesto, y el otro fue colgado. Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón. Y dijo Faraón a José: Yo he tenido un sueño, y no hay quien lo interprete; mas he oído decir de ti, que oyes sueños para interpretarlos. Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón.

Entonces Faraón dijo a José: En mi sueño me parecía que estaba a la orilla del río; y que del río subían siete vacas de gruesas carnes y hermosa apariencia, que pacían en el prado. Y que otras siete vacas subían después de ellas, flacas y de muy feo aspecto; tan extenuadas, que no he visto otras semejantes en fealdad en toda la tierra de Egipto. Y las vacas flacas y feas devoraban a las siete primeras vacas gordas; y éstas entraban en sus entrañas, mas no se conocía que hubiesen entrado, porque la apariencia de las flacas era aún mala, como al principio. Y yo desperté. Vi también soñando, que siete espigas crecían en una misma caña, llenas y hermosas. Y que otras siete espigas menudas, marchitas, abatidas del viento solano, crecían después de ellas; y las espigas menudas devoraban a las siete espigas hermosas; y lo he dicho a los magos, mas no hay quien me lo interprete.


El sueño del Faraón. Vacas gordas y vacas flacas
El sueño del Faraón. Vacas gordas y vacas flacas

Entonces respondió José a Faraón: El sueño de Faraón es uno mismo; Dios ha mostrado a Faraón lo que va a hacer. Las siete vacas hermosas siete años son; y las espigas hermosas son siete años: el sueño es uno mismo. También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas, son siete años; y las siete espigas menudas y marchitas del viento solano, siete años serán de hambre. Esto es lo que respondo a Faraón. Lo que Dios va a hacer, lo ha mostrado a Faraón. He aquí que vienen siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto. Y tras ellos seguirán siete años de hambre; y toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, y el hambre consumirá la tierra. Y aquella abundancia no se echará de ver, a causa del hambre siguiente la cual será gravísima. Y el suceder el sueño a Faraón dos veces, significa que la cosa es firme de parte de Dios, y que Dios se apresura a hacerla.

Por tanto, provéase ahora Faraón de un varón prudente y sabio, y póngalo sobre la tierra de Egipto. Haga esto Faraón, y ponga gobernadores sobre el país, y quinte la tierra de Egipto en los siete años de la abundancia. Y junten toda la provisión de estos buenos años que vienen, y recojan el trigo bajo la mano de Faraón para mantenimiento de las ciudades; y guárdenlo. Y esté aquella provisión en depósito para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto; y el país no perecerá de hambre.

Génesis, Cap. 41

José era un poco charlatán, pues antes de ser vendido como esclavo por sus hermanos, ya interpretaba sueños. O eso decía él. Como las primeras lecturas fueron de sus propios sueños y la interpretación le valió la inquina y envidia de sus hermanos, aprendió la lección.

Por supuesto que sus interpretaciones eran un tanto subjetivas, como las que actualmente se hacen por supuestos adivinos. El caso es que sabía dorar sus palabras y los sueños ajenos diciendo al que consultaba todo lo que éste quería oír. Así abría la puerta de las voluntades ajenas.

Pero es justo reconocer que en este caso, el de los sueños del Faraón, lo que José interpreta tiene un gran sentido común. Por supuesto, también le dice al Faraón que sería buena idea el que busque “varón prudente y sabio, y lo ponga sobre la tierra de Egipto”. Naturalmente, se estaba proponiendo él mismo para el cargo, jugada que le salió redonda, ya que si gracias a Dios era capaz de descifrar los sueños y el futuro, ¿quién mejor que él para gestionar los duros años que se avecinaban?

Es una lástima que no se lea este pasaje más a menudo, tal vez nos libraríamos de muchos males. Deberían tenerlo grabado en oro en todas las universidades donde se imparte ciencia económica. Pero parece ser que la Humanidad comete eternamente los mismos errores.

La enseñanza es clara: cuando hay bonanza, excedentes y todo se desarrolla de forma óptima, no hay que derrochar en lujos innecesarios, sino hacer acopio de lo que sobra para cuando vengan tiempos más duros en los que la escasez sea la norma.

Si cuando estás en lo más alto gastas en cosas innecesarias, no tendrás para lo más imprescindible cuando te deslices hacia abajo.

La mejor vacuna para las vacas que adelgazan es el ahorro. Si pagas impuestos a un ente como el Fisco y no sabes en qué gasta ese dinero, puedes pagarte a ti mismo otro impuesto. Cada vez que obtengas un beneficio o un sueldo neto, antes de empezar a gastarlo, reserva la décima parte para ti y tu futuro. Se puede vivir prácticamente igual eliminando lujos superfluos y cuando lleguen las vacas flacas -que siempre aparecen-  tendrás para comer y sobrevivir.

FUENTE:
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1 comentario:

  1. Tremenda lectura, luego dicen que es un libro de fábulas, pues creo que esta vez NO lo es!!!!

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