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9 de abril de 2014

¿Qué es infidelidad y qué no lo es?

¿Qué es infidelidad y qué no lo es?, No medimos todo con el mismo rasero.


Negación, rechazo, furia, permisividad o simple indiferencia. Todas estas reacciones se ponen en marcha ante el descubrimiento de una infidelidad, y nadie puede estar seguro de cómo va a actuar ante dicha situación. Podemos pensar que este descubrimiento sería, ipso facto, el final de nuestra relación, pero finalmente, cuando ocurre, optamos por dar una segunda oportunidad a la otra persona. 

Otras personas se muestran completamente seguras de que cualquiera puede tener un desliz y, sin embargo, cuando este se produce, causa tal impacto que todas las ideas preconcebidas se van al garete.

La razón para que ello ocurra es, como indica la doctora Lisa Firestone en un reciente artículo publicado en Psychology Today, que las parejas raramente se sientan a hablar sobre ello. Quizá se planteen posibilidades en las que en ningún caso podría admitirse una infidelidad –quizá una larga serie de encuentros sexuales apasionados a lo largo de décadas–, pero raramente se entra en detalles, argumenta la fundadora de Psych Alive.

¿Qué es infidelidad y qué no lo es?
¿Qué es infidelidad y qué no lo es?

No se trata de la única dificultad que tienen que afrontar las parejas contemporáneas a la hora de negociar los límites de lo permisible y, por lo tanto, regular su conducta. Las nuevas relaciones que han emergido con la proliferación de la tecnología han provocado que la satisfacción inmediata que obtenemos de las interacciones de las redes sociales (o del móvil) nos empujen a una especie de perpetuo flirteo virtual que, en demasiadas ocasiones, puede traspasar los límites de lo admisible.

La ley del embudo 


Lo que sí parecemos tener claro, según muestran las encuestas, es que somos mucho menos permisivos con los demás que con nosotros mismos. Como puso de manifiesto una ponencia realizada por la investigadora Erin Holley durante el congreso del pasado año de la Asociación de la Psicología Americana, “cuando afectaba a uno mismo, los consultados pensaban que un espectro más amplio de comportamientos no cumplían sus criterios para ser una infidelidad, mientras que para su pareja, consideraban casi cualquier conducta como una infidelidad”. En definitiva, la ley del embudo: lo ancho para mí, lo estrecho para ti.

La psicóloga recuerda que, en muchos casos, es la cultura familiar en la que uno ha sido educado lo que decide si algo es una infidelidad o no, puesto que es lo que proporciona los modelos de comportamiento o hace más sensible a determinadas parejas ante una hipotética traición. Evidentemente, el estándar no es universal. Hay para quien un beso furtivo no es más que un desliz casual y permisible; también para quien un mensaje que concluye con un emoticono de guiño es señal inequívoca de que se han traspasado ciertos límites.
Una investigación publicada el pasado verano por la Universidad de Texas puso de manifiesto que las redes sociales “habían cambiado nuestro comportamiento” y avisaba sobre algunas conductas que podían resultar particularmente sospechosas, como minimizar constantemente la pestaña del navegador, limpiar la caché cada vez que se utilizaba internet o utilizar contraseñas. Sin embargo, no hay que fomentar la desconfianza, sino tomar una decisión respecto a lo que constituye una infidelidad.

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2 comentarios:

  1. No hagas lo que no quieres que te hagan. Una regla simple que puede ser de oro en muchos casos.
    Si pienso que la imitación te ayuda a comportarte posteriormente. Me refiero a que lo ves en casa, lo practicas...De allí que la educación (la que damos en casa) sea importante

    Saludos Carolus

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    Respuestas
    1. Debería ser una regla de oro para la Humanidad, de hecho, sería lo que nos haría humanos definitivamente.

      Saludos, Manuel

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