En situaciones de peligro, un pequeño truco psicológico puede marcar la diferencia entre la seguridad y el riesgo.
Un método inusual pero efectivo es fingir que conoces a la persona que intenta atacarte. Aunque suene extraño, esta táctica puede desorientar al agresor y darte la oportunidad de escapar.
Cuando tenía 16 años, me encontré en una situación peligrosa mientras caminaba solo por el centro de la ciudad a la 1 de la madrugada, después de una fiesta. A pesar de estar un poco ebrio, mi conciencia estaba lo suficientemente clara como para darme cuenta de que una figura oscura se acercaba rápidamente hacia mí.
En ese momento, decidí actuar de manera poco convencional. Fingí conocer a la persona, gritando: "¡Dios mío! ¡No te he visto en mucho tiempo! ¿Cómo estás?". La sorpresa en la voz del atacante fue evidente, y continué la conversación como si realmente lo conociera, mencionando detalles ficticios para mantener la farsa.
Esta táctica me permitió alejarme de la situación sin confrontación física. Mientras me alejaba, miré hacia atrás con cautela y vi que la persona se había desviado por otro camino. Al día siguiente, investigué en línea y descubrí que este método es legítimo. Humanizarte ante el atacante puede hacer que sea menos probable que te lastime, ya que la confusión y la distracción juegan a tu favor.
Este pequeño conocimiento puede ser crucial en momentos de peligro, proporcionando una estrategia para desarmar una situación potencialmente violenta sin recurrir a la fuerza.
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