1 de julio de 2014

El increíble caso del asesinato en los tiempos de las redes sociales

Los asesinatos ya no son lo que eran, en estos tiempos de redes sociales, han cambiado muchas cosas.


Al Inspector Mendoza le quedaban meses para su jubilación tras una carera policial plena de éxitos. Tenía olfato, sabía interrogar y su experiencia era el modelo a seguir para los novatos. O quizá ya no tanto…

Lo que nuestro policía se encontró aquel día le cabreó bastante. No solo eso, después de cabreado, se cabreó aun más, mucho más, como hacía años que no se cabreaba. Pero empecemos por el principio. A priori, el asesino era un tipo un tanto extraño: degollar a su víctima en un autobús delante de muchos pasajeros no parecía muy profesional. El problema apareció cuando ningún testigo vio nada. No es que fuera por miedo a represalia, no era eso, ni mucho menos. Es que literalmente, nadie vio nada, el asesino era o parecía invisible. Eso ya causó que el inspector Mendoza empezara a levantar la ceja. Sus subordinados ya sabían que este gesto anunciaba mosqueo, cuando no cabreo, de su superior.

El increíble caso del asesinato en los tiempos de las redes sociales
El increíble caso del asesinato en los tiempos de las redes sociales
- ¿Y cómo carajo nadie ha visto nada? – preguntó nuestro amigo.

- Pues mire, jefe, andaban todos mirando su teléfono, ya sabe: guasap, el jueguecito de moda, el feisbuk, el tuiter y todo eso, le respondió Martínez, su segundo en el cargo.

- Joder, pues alguien habrá oído algo, digo yo

- Iban todos escuchando música con auriculares. Jefe, con el debido respeto, usted viaja poco en transporte público, ¿verdad?

- Voy en moto a todas partes, ya lo sabes. Pero me cuesta creer que anden todos tan atontados con esos chismes para que llegue un fulano y delante de todos le dé matarile a otro que estaba ahí sentado. Así, sin mas.

- Bueno, me dice el conductor que a esas horas hay pocos pasajeros, que van todos sentados y cada uno a su bola, como zombis. 

- ¿Y las grabaciones de las cámaras de seguridad en cada parada?

- No funcionan, jefe. Con los ajustes del presupuesto son solo disuasorias, pero no graban nada. El asesino debía de saberlo.

- Hay que joderse con la puta crisis. Por cierto, ¿y éste quién es?

- A sus órdenes, se presenta el oficial en prácticas Martínez. 

- Lo que faltaba, un novato. En resumen, que no sabemos nada del asesino, ni foto, ni cara ni nada de nada. Por cierto, aquí hay algo raro. Falta la prensa, siempre aparece un becario que no tiene ni idea de nada para liar mas la historia, y hoy no hay nadie, cosa que me mosquea mucho. 

- Jefe, le va a dar igual que haya o deje de haber prensa, todos los pasajeros han hecho fotos del fiambre y las han colgado en internet.

- Me cagüen todo lo que se mueve y en lo que no se mueve. ¿Por qué no les han quitado el móvil?, dijo ya visiblemente cabreado.

- Jefe, si hacemos eso, la noticia será usted y no el asesino. No se puede hacer. Ahora mismo, la foto estará en todos los medios de comunicación.

- Mi inspector, ¿le puedo  interrumpir? – le soltó de golpe el poli en prácticas.

- Solo para darme tabaco, majete. Tú observa y aprende.

- Bueno, el caso es que sé porqué no está aquí la prensa y sé cómo se llama el asesino.  Además, tengo su foto.

- ¿¿¿ Cómo dices ???

- El asesino es un tal Franklin Vasquez, moreno y con un tatuaje en la cara. Mejor, aquí puede ver la foto.

- Joder, pero si está en la prensa y en la tele.

- Verá, mi inspector, este individuo se hizo una foto a sí  mismo con su teléfono junto a su victima recién degollada para mandarla a quien le encargó el trabajito. El muy gilipollas no la ocultó al resto de las redes sociales. Ahora, todo Facebook, Twitter y demás redes comparten la maldita foto, así como prensa y televisión. En su perfil aparece toda su vida y milagros junto a toda su familia y amigos. 

- Buscad a su familia y todo lo que aparezca en esa red para interrogarles, tal vez si nos damos prisa le trinquemos pronto.

- Mi inspector, no hace falta, si mira mi teléfono podrá ver donde está ahora. Se ha dejado conectado en su móvil la función de dónde se encuentra.

- Hijo mío, me rindo, el futuro es tuyo, qué ganas tengo de jubilarme. Martinez, que le sea leve, menuda la que le espera con todas estas milongas de telefonitos y demás historias. Es usted un buen policía, pero de mi escuela, de los viejos tiempos. Que no le pase nada. ¿Sabe una cosa?

- Dígame, jefe.

- El tal Vasquez, el asesino, era de mis tiempos. Hizo un buen asesinato, de profesional, pero la cagó con estas pijadas modernas. En cierta forma, me da pena. Era como yo, un dinosaurio.

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