En una fría mañana de septiembre de 2009, el cementerio de Dundee, Escocia, fue testigo de una escena inusual.
Entre los dolientes vestidos de negro, destacaba una figura que llamó la atención de todos los presentes. Barry Delaney, un joven soldado, se acercaba lentamente a la tumba de su mejor amigo, Kevin Elliott, vistiendo un llamativo vestido amarillo neón y calcetines rosa.
Los asistentes al funeral, inicialmente desconcertados y algunos incluso indignados, pronto comprendieron el significado detrás de tan peculiar atuendo. No se trataba de una broma de mal gusto, sino del cumplimiento de una promesa entre dos amigos inseparables.
Seis semanas antes, Kevin y Barry habían compartido una última copa juntos. Kevin, atormentado por el miedo a no regresar de su próxima misión en Afganistán, había confesado sus temores a su amigo. Barry, intentando aligerar el ambiente, le hizo prometer que volvería sano y salvo. En un intento de bromear, añadió que si Kevin no regresaba, él asistiría a su funeral con el vestido más ridículo y llamativo que pudiera encontrar.
Trágicamente, el temor de Kevin se hizo realidad. Apenas mes y medio después de esa conversación, el joven soldado perdió la vida en una emboscada en Afganistán. Barry, destrozado por la pérdida de su amigo, recordó la promesa que habían hecho. A pesar de su dolor, decidió honrar la memoria de Kevin de la manera que habían acordado.
El día del funeral, Barry se presentó vistiendo el atuendo más estridente que pudo encontrar. Aunque no logró dar con el vestido rosa con lunares verdes que originalmente habían imaginado, optó por una combinación igualmente llamativa: un vestido amarillo neón y calcetines rosas.
Al principio, los presentes reaccionaron con sorpresa y desaprobación. Sin embargo, cuando se supo la historia detrás del peculiar atuendo, la atmósfera cambió. Lo que inicialmente parecía una falta de respeto, se transformó en un conmovedor tributo a la amistad y al honor de cumplir una promesa hasta el final.
Barry Delaney, con lágrimas en los ojos y el corazón roto, se arrodilló frente a la tumba de su amigo. En ese momento, su vestimenta ya no importaba. Lo que realmente brillaba era la lealtad y el amor de una amistad que trascendía incluso a la muerte.
Esta historia nos recuerda que a veces, el mayor respeto y amor se demuestra en los gestos más inesperados. Barry Delaney no solo cumplió su promesa, sino que también nos dejó una lección sobre la verdadera amistad y el valor de la palabra dada.
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Yo hubiera reccionado EXACTAMENTE IGUAL: HONRANDO la memoria de mi amigo, en este caso TAMBIEN haciendolo con la ropa segun la palabra dada.
ResponderEliminaryo hubiera reaccionado exactamente de la misma manera: HONRANDO a mi amigo y reflejandolo en la palabra dada .
ResponderEliminarEran verdaderos amigos, no como las falsas promesas que le hacen a uno y encontrar una verdadera amista es una lotería.
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