El dinero ha sido siempre un elemento complejo en las relaciones románticas, desafiando los mitos que habitualmente se presentan en las comedias cinematográficas. Mientras en la pantalla grande se idealiza al amante impulsivo que gasta sin límites para demostrar su amor, la realidad social muestra un panorama completamente diferente. Las personas buscan en sus potenciales parejas características de estabilidad y responsabilidad financiera. Un individuo que demuestra capacidad de ahorro y control económico resulta más atractivo que alguien que derrocha su dinero sin ninguna planificación. Esta preferencia sugiere que la sociedad valora más la seguridad y la proyección a futuro que los gestos románticos basados en el gasto excesivo. La atracción económica no funciona como un simple intercambio monetario, sino como una compleja red de percepciones sobre madurez, responsabilidad y potencial de construcción de vida en pareja. Una persona que administra bien sus recursos transmite señal...