21 de noviembre de 2011

Arte de demagogia

Si buscas el favor de los individuos del pueblo, promételes unas ventajas materiales a cada uno personalmente. Porque esto es lo que los interesa y no el honor o la gloria.

Arte de demagogia
Si tienes que hacerles críticas, no tomes como blanco ni su sensatez ni su competencia. Alaba sus planes, la excelencia de sus objetivos, etc., pero señálales las dificultades que los aguardan, el costo de la empresa, etcétera.

Sé siempre el defensor de las franquicias populares.

Afirma abiertamente que jamás has hecho daño a nadie, que ésta es la única razón que te hace esperar la corona real, y citarás ejemplos precisos que tengas preparados para la circunstancia.

Cada vez que aparezcas en público condúcete de manera irreprochable, porque un solo error ha arruinado a menudo una reputación de manera definitiva.

Finge la humildad, la ingenuidad, la familiaridad, el buen humor. Cumplimenta, agradece, muéstrate disponible, incluso con aquellos que no han hecho nada para esto.

Si debes abandonar un cargo, evita que los que te sucedan sean hombres demasiado visiblemente superiores a ti. Si se te destituye de una función, expresa tu satisfacción y tu agradecimiento hacía aquel que te ha devuelto una tranquilidad que tú habías reclamado. Busca los argumentos que convenzan mejor a tus oyentes. Así nadie festejará tu caída.
 
Concederás unos favores que no te cuesten nada: harás por ejemplo remisión de penas debidas, o a guisa de regalo renunciarás a imponer un nuevo tributo que a ejemplo de un vecino estabas dispuesto a establecer no obstante su carácter injusto.

Es preferible no pretender que seguirás una política mejor que tus predecesores, que tus leyes serán más rigurosas, pues te enajenarás sus amigos. Incluso si son justos no anuncies tus proyectos políticos, o al menos no hables más que de aquellos de los que sabes de antemano que serán bien acogidos.

No ultrajes la derrota de tu adversario, no provoques a tu rival y conténtate cuando seas vencedor con la realidad de tu victoria sin celebrarla con palabras o gestos.

Si te creen ser origen de decisiones impopulares, gratifica abiertamente al pueblo con algunos beneficios, como una remisión de impuestos, la gracia de un condenado, etc. Y sobre todo muéstrate afable con aquellos a quienes ama la multitud.

Si premeditas alguna política nueva, habla previamente y en secreto con un ideólogo, etc., y ponle de tu parte con el fin de que sea él quien te haga la sugestión públicamente, te aliente e incluso te fuerce.

Si tienes la intención de promover leyes nuevas, muéstrales su imperiosa necesidad a unos hombres de saber y buen juicio y prepara con ellos el proyecto. O haz simplemente correr el rumor de que los has consultado y escuchado. Después, sin tener en cuenta sus consejos, toma las decisiones que te convengan.

Fuente:
Breviario de los Políticos

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