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1 de mayo de 2016

El samurai que escuchaba gatos

Un samurai, feroz guerrero, pescaba apacilemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando el gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. 


Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y de un golpe partió el gato en dos.


Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz.

El samurai que escuchaba gatos
El samurai que escuchaba gatos

Al entrar en casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau.
Las personas con la que se cruzaba parecían decirle miau.
La mirada de los niños reflejaba maullidos.
Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar.
De noche no soñaba más que miaus.
De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en miau.
El mismo se había convertido en un maullido.

Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al temploa pedir consejo a un viejo maestro Zen.

– Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame.

El Maestro le respondió:

– Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el haraquiri. Aquí y ahora.
– Y añadió: Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos.

El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el Maestro blandía su sable.

– Ha llegado el momento -le dijo-, empieza.

Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces, el maestro le preguntó:
– ¿Oyes ahora los maullidos?
– Oh, no, ¡Ahora no!
– Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras.

Maestro: En realidad, todos somos muy parecidos a ese samurai. Ansiosos y atormentados, miedosos y quejicas, la menor cosa nos espanta. Los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos. Son parecidos al miau de la historia.

Ante la muerte, ¿qué cosa hay que importe?


7 comentarios:

  1. La mente juega mucho contra uno...Este es un ejemplo, que veo a montones en la consulta.

    Saludos .

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    1. Tiene mas facilidad para jugar en tu contra que a favor. Es una cabr..na.

      Saludos

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  2. Cierto que cuando tenemos un problema grande, los pequeños que tuvimos el día anterior quedan eclipsados.
    Buena metáfora.
    En todo caso, nuestro personaje debería cambiar de oficio. Un "feroz guerrero" samurai no debe ser tan remilgado, salvo que quiera más a los gatos que a las personas.
    Un saludo.

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    Respuestas
    1. Es lo que me chocó del relato, un tipo que te rebaja el pescuezo sin despeinarse y que se ponga tan angustiado con un gato, no cuadra.

      Un saludo.

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  3. tampoco cuadra que coma pescado, y se preocupe por el gato, o fue en si por que el objetivo de alimentarse y de vengarce era distinto.?

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  4. Y el pobre o pescado? No se preocupa por el pescado?.. el pescado tenía eñismp derecho a la vida...eso demuestra que somos unos clasistas hasta en lo más profundo del budismo..no hay igual respeto por todas las especies...��

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