Los dos jorobados

En un pueblo vivían dos jorobados a los que todo el mundo conocía.


Uno de ellos, de temperamento animoso, gustaba mucho de salir, en las noches del verano, a tomar el fresco en las eras porque podía estar solo y a salvo de las burlas ocasionales y pensando en sus cosas.


Allí se entretenía el hombre con sus pensamientos sin que nadie le molestara.

Los dos jorobados
Los dos jorobados
Una noche de ésas se fue a las eras, como de costumbre, y allí estaba tumbado viendo pasar las horas.

Le dieron las diez de la noche, y le dieron las once... y él, nada, tan tranquilo y tan a gusto. Y de pronto se le ocurrió, viendo que se acercaban las doce, que es la hora de las brujas, que bien podía quedarse un rato más y ver si era verdad eso de que a las doce se reunían todas ellas a celebrar sus ceremonias.

Y entre que sí y que no, y entre la curiosidad y el repeluco, pasó el tiempo y dieron las doce. Y no hicieron más que dar las doce cuando empezó a ver cosas extrañas y a escuchar música aún más extraña.

Las visiones que veía eran las brujas que saltaban, cantaban, bailaban y se contorsionaban al son de la música. Y estas brujas, cuando se cansaron de tanto baile, empezaron a cantar:

-Lunes, martes y miércoles, tres;
 lunes, martes y miércoles, tres.

Así una y otra vez. Y el jorobado, viendo que no salían de ahí, pensó para sus adentros: «¡Pobrecillas!
Voy a completarles la semana». Y cantó, con el mismo son de las brujas:

-Jueves, viernes y sábado, seis;
 jueves, viernes y sábado, seis.

Y ya se disponía a continuar, cantando: «y domingo, con seis, hace siete», cuando oyó que decía una bruja:

-¡Ay, qué bien! ¡Por fin hemos concluido el cantar!, y empezó a mirar a un lado y a otro, rodeada de las otras brujas, diciendo:

-¿Quién ha sido, quién? ¿Dónde está el que el cantar acabó?

Y el jorobado dijo:

-Aquí me tenéis, sentado en esta piedra.

Todas las brujas se le acercaron y le acariciaban y por fin le dijeron:

-¡Mira qué gracioso, el pobre! ¡Si es jorobadillo!

Dinos qué quieres por habernos terminado el cantar y lo que quieras te lo concederemos.

Entonces el jorobado dijo:

-¿Qué es lo que más quiero? ¡Pues que me quitéis esta joroba que llevo!

-¡Ah, ah, sí! -dijeron las brujas-. Pobre jorobadillo, bien se lo merece.

Y la bruja que había hablado primero le pasó la mano por la joroba y el jorobado se quedó más derecho que un huso. Entonces él les dio las gracias y ellas se las dieron a él y, lleno de contento, se fue a su casa a dormir mientras las brujas se quedaban haciendo volatines y piruetas por los aires.

El jorobado estaba tan emocionado y exhausto que durmió como un lirón, pero a la mañana siguiente, cuando se levantó y vio que ya no tenía joroba, se llenó de gozo y salió corriendo a la calle para lucir su nuevo tipo. Todo el mundo se admiró enormemente de que le hubiese desaparecido la joroba y querían conocer la causa; y el otro jorobado del pueblo era el más interesado en saber cómo le había sucedido.

A todos se lo contó, aunque muchos no le creyeran. Y el segundo jorobado pensó:

-Pues esta noche voy yo a las eras, por si se les ha olvidado lo que les enseñaste. Y si no se les ha olvidado, entonces les cantaré: «Y domingo, con seis, hace siete»; a ver si a mí también me quitan la joroba.

¡Pues no me la han de quitar en cuanto me oigan!

Y se refocilaba pensando que, a la mañana siguiente, él también podría presumir de no tener joroba.
Y así se dedicó a recorrer el pueblo, contándoles a unos y a otros; y unos le animaban y otros se reían de él.

Conque el pobre infeliz se fue a las eras ya a eso de la media tarde, porque no podía resistir la espera, y allí se estuvo sin comer ni beber por si acaso las brujas se adelantaban y él perdía la oportunidad.

Total, que con tanto desasosiego, pasaron los cuartos, las medias y las horas haciéndosele una eternidad en la que ora desesperaba y ora confiaba hasta que por fin oyó dar las doce y en ese momento las brujas aparecieron. Casi no podía creer lo que estaba viendo, que eran las mismas visiones que relatara el otro jorobado; y tal como había dicho, después de los bailes y volatines, las brujas se juntaron y se pusieron a cantar:

-Lunes, martes y miércoles, tres;
 lunes, martes y miércoles, tres;
 jueves, viernes y sábado, seis;
 jueves, viernes y sábado, seis.

El jorobado vio que habían aprendido bien lo que el otro les había enseñado y que no lo olvidaban, así que decidió terminar la semana y cantó, con el mismo son que las brujas:

-Y domingo, con seis, hace siete.

Las brujas, que oyeron este canto, se enfurecieron terriblemente y empezaron a buscar por todas partes, diciendo:

-¿Quién nos hace burla, quién? ¿Dónde está el que nos hace la burla?

Y el pobre jorobado entendió que preguntaban:

«¿Quién nos dice la última, quién? ¿Dónde está el que nos dice la última?» y las llamó diciendo:

-Aquí estoy sentado en esta piedra. Quítenme ustedes la joroba.

Todas las brujas le rodearon, aún más furiosas que antes, y empezaron a darle empellones y pellizcos, mientras decían unas a otras:

-¡Mira! ¡Si es un jorobado!

-¡Un jorobado! ¡Que ha venido a reírse de nosotras!

-¡Vaya con el jorobado! ¡A ver qué hacemos con él!

Y dijeron todas a coro:

-¡Pues le ponemos otra joroba!

Y nada, que le pusieron otra joroba en mitad de la espalda, con lo cual ya tenía dos.

El pobre jorobado se fue a su casa cabizbajo y pensando en lo que le había sucedido; y estaba tan pensativo y ensimismado que no pudo pegar ojo en toda la noche y a la mañana siguiente no se atrevió a salir a la calle para que no le vieran las dos jorobas.

Y tanto y tanto aumentó su tristeza que dejó de comer y de dormir. Hasta que un buen día lo encontraron muerto de pena en su cuarto.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


El cofre de vidrios rotos

Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.


Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta.


Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.

El cofre de vidrios rotos
El cofre de vidrios rotos
El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.

- No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.

Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande.

Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.

El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.

- ¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.

- Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.

- Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.

Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo.

Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo.
Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre.

Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.

-  ¿Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!

- Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.

- Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños.

Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.

Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.



Darwin y sus leyes positivas que no te contaron

Las leyes de Darwin que nos han ocultado y que podrían cambiar la Historia


Al final de su vida, Darwin se dio cuenta de que su teoría no encajaba. Su visión del triunfo del más apto se encontró con matices que no tenían sentido


Pasados los sesenta años, Charles Darwin se dio cuenta de que había aspectos que no encajaban en su teoría. Su visión de la vida como el triunfo del más apto en un contexto de lucha continua por la supervivencia se encontró con elementos que parecían no tener sentido, como eran esas conductas, caso del altruismo, incompatibles con el egoísmo competitivo.

Darwin y sus leyes positivas que no te contaron
Darwin y sus leyes positivas que no te contaron
Sus investigaciones giraron entonces hacia esa vertiente inexplorada, descubriendo, como asegura la escritora Sabina Berman, que "su ley no era universal, que la mayor parte del tiempo las formas vivas lo pasan cooperando, ya sea en el amor sexual, en actos de justicia, en la búsqueda del bien común, o almacenando para el grupo. Darwin fue consciente de que la estrategia más importante para sobrevivir es la cooperación y por eso las especies gregarias y sociales son las que dominan el planeta".

Berman, una de las dramaturgas mexicanas más prestigiosas, incide en esa lectura ignorada de la obra del biólogo en su novela El dios de Darwin (ed. Destino) donde articula a través de una narración de intriga algunas de las cuestiones sociales más importantes de nuestro tiempo.

La ley del más apto que describió Darwin ha sido, según Berman, “el ADN de las ideologías del siglo XX: el nazismo era su traducción teórica más fuerte, el comunismo siguió ese mismo camino, haciendo de la lucha entre clases y del triunfo de la más fuerte el centro de la Historia y el capitalismo no es más que el permiso para que el más apto tenga mucho más que los demás. El problema de esos modelos es que terminan haciendo imposibles los lazos que atan la vida en común. Si las sociedades siguen existiendo es precisamente porque su funcionamiento real va en sentido contrario a esta creencia. “En nuestro día a día, lo que hacemos casi todos es cooperar, y si eso es lo que mantiene a la sociedad en este nivel. Si no fuera por eso…”.

Algo especialmente patente en esta época de crisis, en la que las desigualdades se han multiplicado y donde los mecanismos de cooperación son los únicos guardianes de la paz social. “México es un país en guerra civil, al menos en una tercera parte. Y lo que salva a los otros dos tercios son las familias y los servicios sociales, que siempre parecen estar en discusión”.  Sin embargo, y a pesar de su evidente utilidad, la cooperación carece del prestigio del que goza la ley del más apto. Probablemente, señala Berman, porque no hemos sido capaces de nombrarla adecuadamente y de construir con ella un relato sólido.

Más al contrario, aunque la realidad sea esencialmente cooperativa, los discursos más visibles son los que privilegian las viejas tesis competitivas darwinianas, y no sólo en lo económico, donde “los que se rigen por la ley del más apto se están cobrando una cantidad mucho más grande que los demás”, sino especialmente en lo religioso, donde están regresando formas fuertes. Según señala Berman, “la iglesia católica se ha vuelto pacífica en la medida en que ya no tiene dientes con los que morder. Los católicos y los judíos han perdido sus ejércitos, pero el Islam no, que los tiene cada vez más grandes y por eso puede dictar la guerra contras los infieles”.

Para Berman, el Occidente de finales del XIX y de todo el siglo XX pensaba que la religión judeocristiana quizá no fuera cierta, pero aun así resultaba útil. Necesitábamos que alguna instancia nos proveyera de una ciencia del bien y del mal, porque no podíamos caer en la mera ley del más apto a que nos abocaba la interpretación darwiniana. Más allá de las creencias privadas, la religión era socialmente precisa para articular la vida en común. Pero eso fue, señala Berman, porque interpretamos mal (o interesadamente) lo que el científico nos contó.

“En El origen del hombre, que es una obra breve, se menciona en dos ocasiones la ley del más apto pero la palabra 'amor' es citada casi cien veces y términos como felicidad, contento y simpatía aparecen en muchas ocasiones en su primer capítulo”. Darwin, además, fue censurado por la familia en su autobiografía en más de sesenta ocasiones. “Pero a finales del siglo XX se reeditó el texto sin cortes, y en él se demuestra cómo Darwin volvió a creer al final de su vida en una fuerza universal del todo incompatible con Jehová. Había una nueva forma de religión, esto es, de religarnos con otros seres humanos y otras especies”. Esas normas, que cambiarían el sentido de la Historia si reparásemos en ellas en lugar de fijarnos en la ley del más fuerte, son las siguientes, tal y como son reproducidas en El dios de Darwin:

LAS LEYES POSITIVAS DE DARWIN


I. El mundo está en flujo.

II. El cambio es el estado natural del mundo y nunca concluirá.

III. El cambio no salta etapas, sino que avanza en cortísimos y lentos pasos.

IV. Las formas vivas y las formas inertes de continuo y de forma gradual se modifican entre sí.

V. Cada forma viva guarda, físicamente, evidencias de haber sido otra y augurios de otra que podría ser en el futuro.

VI. Dado que las formas vivas se reproducen en cantidades muy superiores al aumento de los alimentos, se establece una feroz lucha por los alimentos y el territorio.

VII. Las formas que han acumulado variaciones que les dan una ventaja sobre sus competidores sobreviven, mientras las otras perecen. Esto puede llamarse Ley del Más Apto.

VIII. Cuanta más variedad de anomalías, es decir, de formas minoritarias, contenga una especie o grupo, más oportunidades hay para su supervivencia.

IX. Cuando hay escasez hay competencia.

X. Cuando hay abundancia se suspende la competencia.

XI. A través de miles de millones de años, la Naturaleza ha logrado estrategias para evitar la escasez y producir abundancia, y así suspender la Ley del Más Apto.

XII. Las especies sociales son la respuesta de la Naturaleza para suspender la lucha atroz por la existencia, porque las especies sociales han desarrollado toda una variedad de conductas para que la escasez no se presente.

XIII. Está claro que el bienestar de un grupo depende de la cantidad de lazos amistosos que contiene.

XIV. Una tribu contenta en sus necesidades urgentes y feliz por la abundancia de lazos de simpatía que alberga, prospera mejor que otra.

XV.  Todas las conductas morales se dirigen a suspender la competencia, pero también a dos objetivos secundarios. Aumentar la salud del grupo y su felicidad.

XVI. Lo malo es lo que causa malestar general al grupo.

XVII. Lo bueno es lo que causa bienestar general al grupo.

XVIII- Así como la Tierra continuará rodando, así como las formas naturales continuarán variando, así el relato igual seguirá ajustándose y explayándose y de cualquier forma, nunca será perfecto y nunca abarcará la vida entera.


Las dos pesadillas

Las dos pesadillas que un hijo le cuenta a su padre y las moralejas que de ellas se desprende.


—Buenos días, papá.

—¿Has dormido bien, hijo mío?

—Sí, pero tuve dos sueños extraordinarios.

He aquí el primero: un perrillo hacía dar vueltas a una rueda en la herrería. La rueda, al voltear, movía un fuelle que servía para avivar el fuego de la fragua. El herrero ponía sobre el hogar largas tiras de hierro que retiraba cuando ya estaban enrojecidas, machacando sobre ellas con el martillo para hacer los clavos. De tiempo en tiempo, cuando el perro se fatigaba y la rueda comenzaba a voltear más lentamente, el herrero, enojado, hería al perro con alguno de aquellos fierros candentes. Entonces la pobre bestia se lanzaba sobre la rueda y la hacía girar con precipitación. Pero después de mucho trabajar con la rueda, el perro, debilitado ya, se detuvo de pronto y no quiso moverla más. Entonces el herrero, sin compasión alguna, descuelga un látigo que hay sobre la pared, y se pone a fustigar al perro. El animal resiste sin quejarse; pero, a cada golpe, la bestia va agrandándose: primero es como un lobo, después como un tigre, luego como un león. Por último, es ya como un monstruo gigante que vomita llamas por ojos y boca. Aquellas horribles lenguas de fuego crecen y crecen, y acaban por abrasar y matar al herrero y por incendiar la fragua.... Me preparo a dar grandes voces para pedir auxilio, cuando despierto... ¡Qué sensación tan horrible!.... Esto es lo que se llama una pesadilla, ¿no es así?

Las dos pesadillas
Las dos pesadillas
 —Sí, hijo mío, eso es una pesadilla; pero veo que tu sueño tiene un gran sentido. Significa que no hay que maltratar ni oprimir jamás a nadie, porque la injusticia puede transformar a los hombres, como sucedió con el perro, en bestias feroces que crecen y crecen y acaban por destruirlo todo. Este es el sentido de tu primer sueño; veamos el segundo.

—En el segundo sueño sentía yo un gran terror de algo que corría tras de mí. Sin saber qué era lo que me perseguía, huía yo a toda prisa; pero aquello que iba tras de mí, se acercaba más y más, a medida que yo más corría. Y a medida que se me acercaba, yo me lo figuraba más grande, más terrible, más espantoso. Ya me sentía perdido, en las garras de aquello, cuando se alzó de pronto frente a mí una figura graciosa, llena de calma y sonriente, que me dijo: «Nada temas, pequeño; detente, vuelve tus pasos hacia atrás, ármate de valor y lánzate sobre lo que tanto estás temiendo; es preciso que lo veas frente a frente». Esa bella figura y esas alentadoras palabras me dieron valor. Me volví hacia la gran forma negra que me perseguía, la vi frente a frente, y me puse a correr tras ella. Entonces, a medida que yo corría en su seguimiento, la forma negra se alejaba más y más, disminuyendo, esfumándose, hasta que de pronto se desvaneció por completo convertida en humo. Y entonces desperté contento y tranquilo, como quien se ve libre de un pesado fardo.

—Es una verdad exacta lo que has soñado, hijo mío. Si el miedo y la cobardía te obligan a huir, siempre te parecerá que los monstruos más terribles y los peligros más fieros corren tras de ti. Pero si te detienes, si les ves frente a frente, si les resistes, si les acometes, entonces todo eso que te hacía temblar huirá deprisa, desvaneciéndose como el humo Vence el miedo, hijo mío, y estarás tranquilo y sereno.


Manual del perfecto seductor

El manual del perfecto seductor. No existe el hombre perfecto, ni todas las mujeres son iguales, pero hay pautas que nunca fallan para ser sedcutor. La principal de todas ellas: confianza en uno mismo. 


Conquistar a una mujer es para muchos hombres una tarea hercúlea. Cada mujer es diferente, con gustos y ambiciones diferentes, pero hay unas pautas que todo hombre puede seguir para alcanzar el éxito sentimental. 


Mario Luna, fundador de Seductores Científicos nos detalla un decálogo de conquista que tiene como piedra angular seducirse a uno mismo. Para ser seductor, estar a gusto con uno mismo es fundamental.

Manual del perfecto seductor
Manual del perfecto seductor
El decálogo se basa en activar lo que Mario Luna define como el punto GG (ganador-ganable). ŤElla tiene que saber que está ante un ganador al que puede ganarť. Alguien que merece la pena, pero que sea alguien al que pueda completar. Cada Ťmandamientoť funciona con sinergias entre sí.

1. Disfrutar el proceso de ser seductor


Este primer paso trata de desarrollar eso que definíamos como seducirse a uno mismo. ŤEs una actitud. Se trata de disfrutar, y no tiene nada que ver con manipular y luego ser un desgraciadoť. Disfrutar del proceso es el primer paso para tener posibilidades de ganar. ŤUn ganador lo es porque nunca renuncia a vivir estimuladoť. Se trata en definitiva de una actitud ante la vida. Un Casanova nace, pero también se hace.

Una actitud positiva y una autoestima alta no sólo te hace más ganador, sino que te hace más ganable. Pero no vale ser perfecto, cosa que no existe, porque ella Ťtiene que sentir que te puede completar. Tiene que percibir un punto de vulnerabilidad, que no debilidadť.

"Disfrutando del proceso ya eres un ganador. Si te lo pasas bien ella siente que te está ganando. Ella siente que es especial, y que te gana con algo que no tiene otra mujer".


2. Impón tu presencia 


Este punto se refiere a cuidar tu aspecto, pero también tu actitud. Tu voz, tus gestos... la presencia es todo lo que haces con tu cuerpo. La comunicación corporal es extremadamente importante. "Tu presencia ya tiene que aportar algo distinto y ligar con tu comportamiento".

Tu presencia estará muy condicionada por el lenguaje no verbal. "Debes ser capaz de dominar tus emociones y no ser víctima de ellas". Esto guarda relación con el principio básico: seducirse a uno mismo. Pero en ese proceso de gustarse, żcómo no cruzar la línea hacia la prepotencia? Sencillo, basta con ser sincero y actuar con seguridad. "El prepotente en realidad es inseguro, se dedica a compensar. La verdadera seguridad no tiene miedo de mostrar vulnerabilidad". SIGUE LEYENDO...



El sembrador de dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.


Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.


- ¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.

- Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.

-¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?

-Siembro -contestó el viejo.

-¿Qué siembras aquí, Eliahu?

-Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.

-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.

El sembrador de dátiles
El sembrador de dátiles
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.

- No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…

- Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?

- No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?

- Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

- Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

- Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.

- Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.



Come la fruta

El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma.


- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado.


– Pido perdón por eso. – se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

– Gracias maestro. – respondió halagado el discípulo.

– Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

Come la fruta
Come la fruta
– Si. Muchas gracias – dijo el alumno.

– ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?…

– Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro…

– No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte… Permíteme también que te lo mastique antes de dártelo…

– No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! – se quejó sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

– Si yo les explicara el sentido de cada cuento… sería como darles a comer una fruta masticada.


El oro y las ratas

Había una vez un rico mercader que, a punto de hacer un largo viaje, tomó sus precauciones.


Antes de partir quiso asegurarse de que su fortuna en lingotes de oro estaría a buen recaudo y se la confió a quien creía un buen amigo.


Pasó el tiempo, el viajero volvió y lo primero que hizo fue ir a recuperar su fortuna. Pero le esperaba una gran sorpresa.

-¡Malas noticias! -anunció el amigo-. Guardé tus lingotes en un cofre bajo siete llaves sin saber que en mi casa había ratas. ¿Te imaginas lo que pasó?

El oro y las ratas
El oro y las ratas


-No lo imagino -repuso el mercader. -Las ratas agujerearon el cofre y se comieron el oro. ¡Esos animales son capaces de devorarlo todo!

-¡Qué desgracia! -se lamentó el mercader-. Estoy completamente arruinado, pero no te sientas culpable, ¡todo ha sido por causa de esa plaga! Sin demostrar sospecha alguna, antes de marcharse invitó al amigo a comer en su casa al día siguiente.

Pero, después de despedirse, visitó el establo y, sin que lo vieran, se llevó el mejor caballo que encontró. Cuando llegó a su casa ocultó al animal en los fondos. Al día siguiente, el convidado llegó con cara de disgusto.

-Perdona mi mal humor -dijo-, pero acabo de sufrir una gran pérdida: desapareció el mejor de mis caballos. -Lo busqué por el campo y el bosque pero se lo ha tragado la tierra.

-¿Es posible? -dijo el mercader simulando inocencia-. ¿No se lo habrá llevado la lechuza?

-¿Qué dices? -Casualmente anoche, a la luz de la luna, vi volar una lechuza llevando entre sus patas un hermoso caballo.

-¡Qué tontería! -se enojó el otro. ¡Dónde se ha visto, un ave que no pesa nada, alzarse con una bestia de cientos de kilos!

-Todo es posible -señaló el mercader-. En un pueblo donde las ratas comen oro, ¿por qué te asombra que las lechuzas roben caballos? El mal amigo, rojo de vergüenza, confesó que había mentido.

El oro volvió a su dueño y el caballo a su establo. Hubo disculpas y perdón.

Y hubo un tramposo que supo lo que es caer en su propia trampa.


Éxito en tu vida explicado en 10 consejos

Estas lecciones para el éxito en tu vida personal no se enseñan en la escuela y se suelen aprenden a base de errores. Aprender de otros es lo más sencillo


Aprender de otros es la mejor manera de obtener la sabiduría de los éxitos y fracasos ajenos. La mayoría de estas lecciones éxito en tu vida personal no se enseñan en la escuela y se aprenden a base de errores. 


Sin embargo, puedes obtener los conocimientos de quienes los han alcanzado antes, para poder lanzarte de cabeza en el desarrollo y éxito de ti mismo con la guía de la experiencia y los conocimientos de los que han estado allí antes. Estos 10 valiosas lecciones para el éxito en tu vida también te servirán como un recordatorio sobre como vivimos nuestras vidas y para tratar de ser lo mejor que puedas cada día. 

Éxito en tu vida explicado en 10 consejos
Éxito en tu vida explicado en 10 consejos

1. Actitud


Único lo que puedes controlar es tu actitud ante la vida y cómo lidiar con ella. Si tu actitud está dominada por pensamientos negativos, entonces conseguirás lo que en el fondo eres. Por el contrario, si te centras en los aspectos positivos y en aumentar el conocimiento de diferentes experiencias te hará progresar y tener éxito en tu vida. Tómate los obstáculos como lecciones de la vida y obsérvate a ti mismo para hacerte cargo de tu actitud. La vida te traerá muchos desafíos, pero depende de ti el saber cómo manejarlos y tu actitud ante ellos.

2. Pasión


Encuentra tu pasión, ya sea una carrera, un trabajo o el iniciar un negocio que te apasione. Ten en cuenta esto, que cuando haces algo que te apasiona, el tiempo parece volar, al igual que cuando te diviertes. El éxito en tu vida y en tu carrera está directamente relacionado con hacer algo que te apasione porque pones el corazón y el espíritu en todo lo que haces para que sea exitoso. Incluso las mentes más brillantes que trabaja en algo en lo que no tienes ninguna pasión rinden solamente la mitad del esfuerzo, allí donde una persona con una verdadera pasión lo dará todo.

3. Objetivos


¿Tienes metas? Tener objetivos te da una estrategia de SIGUE LEYENDO...

Hay regalos que no te convienen recibir

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.


Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:


-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

-¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?

Hay regalos que no te convienen recibir
Hay regalos que no te convienen recibir
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

-Por supuesto que no. Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

-Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

-No entiendo a qué se refiere. Dijo el alumno confundido.

-Muy sencillo, replicó el profesor, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad muchacho, concluyó el profesor en tono gentil, -tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tu llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

Cada día en todo momento, tu puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que tu decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.

Cómo trabajar con tu enemigo

Trepas, pelotas, escaqueados y caraduras son los más indeseables de la oficina. Convivir con ellos es algo sencillo hasta que se convierten en enemigos


Pasamos buena parte de nuestra vida en la oficina, rodeados de personas de toda índole, clase y condición a las que apenas conocemos. 


Las relaciones laborales son eso, laborales y conviene no confundirlas con las personales. En momentos tan duros como los que vivimos, en los que los despidos, las bajadas de sueldo y las promociones inexplicables están a la orden del día, mantener el puesto de trabajo despierta el instinto de supervivencia profesional. 

Cómo trabajar con tu enemigo
Cómo trabajar con tu enemigo
¿Qué actitudes convierten a tu mejor colega en un enemigo? Eva Rimbau, profesora de la UOC y experta en dirección de recursos humanos, tiene la respuesta: “Es especialmente peligroso el compañero que parece simpático y comprensivo, que te invita a contarle tus problemas y que luego utiliza esta información en tu contra”. Pero lo peligroso viene después: “La información que habrá dado de ti no será del todo falsa, sino una interpretación malévola de la realidad, lo que hace difícil poder negarla”.

Lo más duro de vivir situaciones de este tipo es que dejan poco margen para la réplica. Corres el peligro de salir perdiendo si tratas de defenderte del presunto agravio. Esos personajes son especialmente maquiavélicos y es complicado pillarles en un renuncio. José Manuel Chapado, socio de Isavia, advierte que su ambición desmedida y la envidia les delata: “Las personas pierden el norte cuando su ego les puede y les domina. Viven hacia fuera y acaban padeciendo la desconexión con su propio interior, que es el lugar donde anidan los principios y los valores de las personas”. 

Cómo vencerle


Conseguir acorralar al enemigo es fundamental para ganarle la batalla. Una de las pistas SIGUE LEYENDO...

El puente

Había una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en dos casas de una hermosa campiña.


Por problemas pequeños, que al acumularse sin resolverse se fueron haciendo grandes con el tiempo, los hermanos dejaron de hablarse. Incluso evitaban cruzarse en el camino.

El puente
El puente
Cierto día llegó a la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría trabajo para él. Tomás le contestó:

-¿Ve usted esa madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he cortado ayer. Mi hermano Javier vive en frente y, a causa de nuestra enemistad, desvió ese arroyo para separarnos definitivamente. Así que yo no quiero ver más su casa. Le dejo el encargo de hacerme una cerca muy alta que me evite la vista de la casa de mi hermano.

Tomás se fue al pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.

Cuál no sería su sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca, encontró que el carpintero había construído un hermoso puente que unía las dos partes de la campiña.

Sin poder hablar, de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese momento estaba atravesando el puente con una sonrisa:

- Tomás, hermano mío, no puedo creer que hayas construído este puente, habiendo sido yo el que te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos se abrazaron.

Cuando Tomás se dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:

- Buen hombre, ¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?

- No, gracias —contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que construir!


El pago a los héroes de Filipinas


En 1898, unos héroes españoles resistieron en Filipinas siendo los últimos en defender lo poco que quedaba del Imperio español.


Ahora se ha vuelto a realizar otra película y estos hechos heroicos vuelven a estar de actualidad.  No he visto la película, aunque he investigado cierta parte de la historia que tal vez no sea muy conocida y que voy a contar sin entrar en demasiados detalles.


Tal como se cita en la Wikipedia: El sitio de Baler (30 de junio de 1898 — 2 de junio de 1899) fue un asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en la isla filipina de Luzón, durante 337 días. Desde diciembre de 1898, con la firma del Tratado de París entre España y Estados Unidos, se ponía fin formalmente a la guerra entre ambos países (que habían firmado un alto el fuego en agosto) y España cedía la soberanía sobre Filipinas a Estados Unidos. Debido a esto, los sitiados en Baler son conocidos como los últimos de Filipinas.

El pago a los héroes de Filipinas
El pago a los héroes de Filipinas
Martín Cerezo, oficial al mando, recibió la máxima condecoración y una pensión vitalicia. Alcanzó el empleo de General, pero nunca volvió a mandar tropa ya que era un personaje incómodo al estar peleando incansablemente para que a sus subordinados en Filipinas se les recompensara como es debido. Valga como ejemplo que sus subordinados tuvieron que esperar diez años para poder cobrar sus pensiones vitalicias. Años más tarde y al empezar la última (por ahora) guerra civil de 1936, recibió en su casa la visita de unos milicianos a los que espetó que si querían matarle lo hicieran en la cama donde yacía enfermo. Los asesinos se conformaron con llevarse a su único hijo varón, de 18 años, y le mataron en Paracuellos. En ese mismo año y en el otro bando de esa guerra, un sargento de la Guardia Civil mató a otro héroe de Filipinas por envidias.

Resulta del todo inexplicable por qué no se concedió una Laureada colectiva a los hombres que junto al teniente Martín Cerezo defendieron con tanto arrojo y entrega la fortaleza de Baler.

El teniente médico Vigil de Quiñones recibió la Cruz de primera clase de la regente María Cristina. Al resto de supervivientes le concedieron a cada uno la Cruz de Plata del Mérito Militar con distintivo rojo y, en 1908, el Estado les concedió una pensión mensual vitalicia de 60 pesetas. La misma pensión recibieron las viudas (las familias en caso de los solteros) de los soldados muertos en el asedio por las heridas recibidas o por enfermedad.

De los supervivientes, tres de ellos murieron poco después de llegar a España, otros murieron como mendigos en las calles de esa misma España, doce llegaron a combatir en nuestra Guerra Civil e incluso alguno de aquellos murió fusilado en esta atroz e "incivil" Guerra.

Acabada esa guerra, y tras el estreno de la película “Los últimos de Filipinas” en 1945, el gobierno franquista promulgó una ley ascendiendo a tenientes honorarios a los militares supervivientes de Baler que hubiesen militado en el bando franquista durante la Guerra Civil. De los ocho que aún vivían, sólo tres cumplían los requisitos, puesto que el resto tenían hijos o nietos que habían combatido en el bando republicano.

Triste final de esta heroica gesta en esta España nuestra, que como dice la canción, a veces es madre y siempre es madrastra.