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4 de junio de 2016

El rey y el halcón

El rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.


Pasados unos meses, el instructor comunicó al rey que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que al otro no sabía lo que le sucedía: no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, a tal punto que había que llevarle el alimento hasta allí.

El rey y el halcón
El rey y el halcón 

El rey mandó llamar curanderos y sanadores de todo tipo, pero nadie pudo hacer volar al ave.


Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió. Por la ventana de sus habitaciones, el monarca podía ver que el pájaro continuaba inmóvil.

Publicó por fin un bando entre sus súbditos, y, a la mañana siguiente, vio al halcón volando ágilmente en los jardines.

Traedme al autor de ese milagro, dijo.

Enseguida le presentaron a un campesino ¿Tú hiciste volar al halcón?

¿Cómo lo hiciste?

¿Eres mago, acaso?

Entre feliz e intimidado, el hombrecito solo explicó: No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama.

“El pájaro se dio cuenta que tenía alas y se largó a volar”



4 comentarios:

  1. Qué remedio. O vuelas o te la pegas. No hay mucho donde elegir.
    Un saludo, Carlos.

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    1. A los indecisos hay que ponerlos en situaciones en las que o deciden o se la pegan.

      Un saludo, Cayetano

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  2. A veces, tenemos la solución en las manos (o en la garras) y no nos damos cuenta.

    Saludos

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    1. Solo falta que nos den un pequeño empujoncito o que te pongan entre la espada y la pared.

      Saludos, Manuel

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