Descubre cómo el uso de caballos y tácticas del siglo XIX marcan una regresión brutal en la guerra moderna, donde los drones aniquilan cualquier rastro de caballería.
El operador del dron ajustó la lente térmica, esperando detectar el calor de un motor o el metal de un blindado. Sin embargo, lo que apareció en pantalla fue una silueta orgánica, rítmica y galopante. Un jinete ruso avanzaba por el campo embarrado, confiando en que la falta de firma electrónica lo haría invisible. Segundos después, el zumbido de un pequeño robot volador marcó el fin de la escena: una explosión directa transformó la estampa épica en una carnicería. Esta es la realidad de un conflicto que, agotado en sus recursos, ha decidido forzar el regreso de los caballos a un matadero de alta tecnología. Ver La tecnología de drones en Ucrania que muere en 2 semanas
La regresión táctica ante el agotamiento industrial.
La guerra en Ucrania atraviesa una fase contradictoria donde la innovación convive con la escasez absoluta. Aunque el relato oficial habla de sensores y guerra electrónica, el agotamiento de suministros obliga a rescatar métodos del siglo pasado. Los ejércitos ya no avanzan al ritmo de la tecnología, sino según la disponibilidad de recursos básicos. Esta falta de vehículos motorizados ha provocado que la tracción animal sea, de nuevo, una solución desesperada para el transporte de material.
El sacrificio de los caballos en la era del silicio.
El regreso de la caballería no responde a una doctrina militar brillante, sino a una carencia logística crítica. Los animales son arrastrados al frente porque no dependen de combustibles fósiles ni generan el calor que detectan ciertos radares. Sin embargo, en un campo de batalla saturado por drones FPV, los caballos se convierten en blancos extremadamente vulnerables. La protección blindada es inexistente y cualquier movimiento es interceptado desde kilómetros de distancia por ojos electrónicos.
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| Un soldado de caballería ruso visto a través de la cámara termográfica de un dron |
Minas soviéticas y armamento reciclado del pasado.
Junto a los animales, reaparecen reliquias como la mina anticarro TM-62. Este artefacto de los años sesenta se ha vuelto fundamental por su simplicidad y potencia destructiva. Se utiliza tanto en el suelo como lanzada desde el aire por drones improvisados. Es la prueba de que, cuando la industria moderna no puede seguir el ritmo de la atrición, el mando recurre a los excedentes de la era soviética para mantener la capacidad de fuego. Ver Las 20 leyes de la astucia
El impacto de la guerra de desgaste en la moral.
La pérdida constante de blindados y camiones ha forzado a los soldados a aceptar niveles de riesgo inauditos. Cruzar zonas abiertas a lomos de caballos es una sentencia de muerte casi segura frente a un enemigo que controla el aire. A pesar de esto, la propaganda intenta disfrazar esta precariedad como un signo de ingenio y adaptabilidad. La realidad es que se está sacrificando el respeto por la vida animal y humana para sostener un frente que se desmorona técnicamente.
Un retroceso histórico hacia conflictos anteriores a 1914.
Lo que comenzó como una operación relámpago mecanizada se ha degradado en una lucha de trincheras y cargas frontales. El uso de caballos y jinetes sitúa la estética del conflicto en una época anterior a la Primera Guerra Mundial. Es el síntoma de una degradación progresiva donde cada paso atrás en el tiempo refleja una pérdida de soberanía tecnológica. El precio de esta involución se paga con sangre en un terreno cada vez más hostil e incontrolable. Ver El fascinante arte de la estrategia
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