La nueva táctica de Ucrania permite atraer a las fuerzas rusas a posiciones precalibradas para eliminarlas con artillería y drones de alta precisión.
El estruendo de las cadenas de los tanques rusos resuena en las llanuras, avanzando hacia búnkeres aparentemente abandonados. Los soldados celebran la toma del territorio, pero ignoran que cada centímetro de ese suelo ya ha sido registrado por cañones ocultos a kilómetros de distancia. La nueva táctica de Ucrania permite atraer a las fuerzas rusas a posiciones precalibradas para eliminarlas con artillería y drones de alta precisión.
El arte de la defensa flexible y letal
Desde la invasión de 2022, el frente de batalla ha mutado constantemente, pero el ingenio ucraniano ha encontrado una forma de convertir la retirada aparente en un golpe devastador. Esta metodología consiste en pre-registrar la artillería sobre las propias trincheras de primera línea. Cuando el enemigo captura el fuerte, entra en un punto exacto diseñado para ser arrasado de forma masiva.
Ganar dejando entrar no es un signo de debilidad, sino una ejecución precisa para maximizar el daño. Una vez que el fuego de artillería desarticula al atacante, grupos de asalto recuperan las posiciones. Este ciclo permite conservar la vida de la infantería propia, un recurso escaso y valioso que no puede ser desperdiciado en defensas estáticas suicidas. Ver Las 20 leyes de la astucia
El campo de batalla como zona de exterminio permanente
La eficacia de esta maniobra reside en la creación de una zona de muerte constante donde el invasor nunca está seguro. La artillería se posiciona en la retaguardia profunda, protegida de los drones enemigos, mientras las fortificaciones avanzadas actúan como un imán para los ataques. El objetivo es que cada avance ruso resulte extremadamente costoso en vidas y material.
Los operadores de sistemas no tripulados complementan esta labor cazando las rutas de suministro y refuerzo. Cualquier intento de consolidar el terreno recién tomado se vuelve visible y atacable en cuestión de segundos. El minado remoto y los emboscadores en los ejes logísticos aseguran que el atacante pague un precio doble por intentar sostener sus ganancias territoriales.
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| La táctica de "dejar entrar" tras pre-registrar una posición |
El colapso de la voluntad ofensiva enemiga
Esta dinámica está erosionando la moral de las tropas rusas, obligándolas a elegir entre conquistar kilómetros o preservar a sus soldados más competentes. La táctica aplicada en sectores como Kupiansk demuestra que el control territorial en el mapa es estéril si no puede transformarse en una posición utilizable. El avance deja de ser progreso para convertirse en una trampa mortal.
El dilema en el frente es absoluto: avanzar con preparación quema unidades entrenadas, mientras que avanzar mínimamente genera situaciones absurdas. Los mandos rusos se ven en la incapacidad de pedir fuego de apoyo sobre posiciones que oficialmente son suyas, pero donde sus hombres están siendo triturados por la precisión ucraniana.
La superioridad de la tecnología y la coordinación digital
La transformación militar actual pone a los sistemas no tripulados en el centro del combate a escala industrial. Ucrania ha comprendido que la logística y la producción masiva de drones son más determinantes que las armas costosas tradicionales. El frente se gestiona desde búnkeres donde la coordinación por inteligencia artificial permite ataques persistentes y certeros.
El éxito final depende de asegurar redes de comunicación fiables y dominar la capa cibernética para cegar al rival. Si el primero que entra en una posición muere, aquel que espera y remata con precisión digital mantiene la iniciativa real. Lo que parece un retroceso en el mapa es, en realidad, un método científico para desmantelar la capacidad bélica del adversario. Ver El fascinante arte de la estrategia
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