Descubre por qué la inteligencia es un rasgo en peligro de extinción y cómo la imbecilidad se ha convertido en el arma definitiva para sobrevivir hoy.
Cuenta una antigua leyenda que un grupo de sabios intentó construir una ciudad perfecta donde solo habitara el razonamiento puro. Al cabo de un año, la ciudad estaba desierta porque nadie lograba ponerse de acuerdo ni en el color de las puertas. Mientras tanto, en la aldea vecina, un grupo de necios prosperaba simplemente imitando lo que otros hacían sin cuestionar nada. Esta paradoja es la que rescata Pino Aprile en su provocador análisis sobre la condición humana actual. Según el autor, estamos ante un cambio de paradigma donde el brillo mental ya no es la ventaja competitiva que nos enseñaron. Ver Lo que nunca te enseñaron
El declive de la mente brillante en el siglo veintiuno
La inteligencia es un rasgo complejo que, lejos de ser una garantía de éxito, podría estar convirtiéndose en un lastre evolutivo para nuestra especie. Aprile sostiene que el genio suele ser solitario y disperso, mientras que el lerdo es obstinado y posee una capacidad de unión asombrosa. En la sociedad moderna, no se premia tanto la invención original como la capacidad de replicar patrones de manera infinita. Ver Nuevo elogio del imbécil, de Pino Aprile
Bajo esta premisa, la figura del imbécil emerge no como un error del sistema, sino como su componente más robusto y fiable. La supervivencia hoy no depende de entender el mecanismo interno de un procesador, sino de saber apretar el botón correcto de forma mecánica. Esta automatización de la existencia ha relegado el pensamiento crítico a un segundo plano, favoreciendo una uniformidad que garantiza la paz social a costa del talento. Ver Maquiavelo y sus excelentes discípulos
La imbecilidad como pegamento de las sociedades modernas
Un hecho innegable es que la estupidez tiene un poder cohesionador que el análisis profundo jamás podrá alcanzar. Mientras que el razonamiento tiende a dividir a las personas en infinitos matices de opinión, la simpleza genera consensos rápidos y masivos. Es el triunfo de la masa sobre el individuo, donde el criterio propio se percibe como una amenaza a la estabilidad del grupo.
Este fenómeno se observa con claridad en la política y el consumo, donde los mensajes más simples son los que logran mayor penetración. El sistema no busca ciudadanos que cuestionen las bases de la realidad, sino usuarios que mantengan el engranaje en funcionamiento. Por ello, la imbecilidad es ahora el motor que permite que las estructuras burocráticas y sociales sigan creciendo sin fricciones internas. Ver La sabiduría secreta de Maquiavelo
El futuro de una especie que prefiere no pensar
Si la evolución favorece lo que es útil para la reproducción del grupo, la inteligencia podría correr la misma suerte que la cola de nuestros ancestros. Estamos delegando nuestras capacidades cognitivas en máquinas y algoritmos, convirtiéndonos en huéspedes de una tecnología que ya no comprendemos. El autor advierte que este proceso de simplificación mental es, en realidad, una adaptación al entorno que nosotros mismos hemos creado.
Al final del camino, nos encontramos con una humanidad que celebra la ignorancia como una forma de felicidad práctica. No se trata de un insulto, sino de una observación biológica sobre cómo el esfuerzo intelectual consume una energía que la naturaleza prefiere ahorrar. La victoria del imbécil es, por tanto, la victoria de la eficiencia sobre la excelencia en un mundo que ya no tiene tiempo para pensar. Ver Nunca discutas con un tonto
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