Estados Unidos empleó armas que abrumaron físicamente a los guardias de Nicolás Maduro, suscitando una conexión escalofriante con Rusia y el misterioso Síndrome de La Habana.
La descripción de una misión de "extracción tan precisa" en Venezuela ha destapado el uso de una tecnología que va más allá de la comprensión convencional. Lo que se vivió en Fuerte Tiuna, el mayor complejo militar del país, el 3 de enero de 2026, no fue una confrontación típica, sino una demostración inquietante de un poder bélico desconocido.
La incursión sorprendente en Fuerte Tiuna
El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto estadounidense, describió la operación como de "enorme complejidad", una afirmación que ahora cobra un significado ominoso. Un testigo clave relató una experiencia aterradora: una arma que provocaba hemorragias nasales, vómitos de sangre y colapsos entre los soldados venezolanos. Todo esto, antes de que una pequeña fuerza estadounidense los sometiera con una rapidez asombrosa y sin sufrir una sola baja. La imagen de un incendio en Fuerte Tiuna, tras explosiones y la aparición de drones, pintó un cuadro de caos y desorientación. Ver El fascinante arte de la estrategia
El misterio de los sistemas de defensa caídos
Según el testimonio del guardia, los sistemas de radar y alerta temprana fallaron de forma inexplicable. Luego, enjambres de drones aparecieron en el cielo, seguidos por la inserción de unos 20 soldados estadounidenses desde helicópteros. El defensor describió un dispositivo que emitía una intensa onda de sonido, "como si mi cabeza explotara desde adentro". Las fuerzas venezolanas quedaron inmovilizadas, incapaces de permanecer de pie o moverse, confirmando la naturaleza devastadora de estas nuevas armas. La tecnología utilizada, sin duda, superó todo lo que habían presenciado hasta ese momento, desatando una conmoción general.
El escalofriante vínculo con el síndrome de La Habana
Esta descripción ha revivido las sospechas sobre un tipo similar de armas probadas por los rusos hace una década en el personal de la embajada de Estados Unidos en La Habana, Cuba. Los síntomas que sufrieron los afectados —mareos, migrañas, daño cognitivo— dieron nombre al Síndrome de La Habana. Inicialmente se pensó en energía sónica, pero ahora los expertos lo vinculan con energía de radiofrecuencia dirigida y pulsada, o microondas. Alrededor de 1.500 funcionarios estadounidenses han sufrido lesiones cerebrales y síntomas neurológicos relacionados con este síndrome, que ha alterado vidas y carreras sin una sola herida visible. Ver La sabiduría secreta de Maquiavelo
La peligrosa conexión rusa y la guerra silenciosa
Funcionarios rusos bajo el mando de Vladimir Putin se han jactado abiertamente de haber desarrollado armas capaces de causar efectos similares: herramientas que pueden herir sin dejar huellas dactilares. Esta jactancia, junto con los incidentes en Venezuela y Cuba, sugiere una carrera armamentista silenciosa pero poderosa en el ámbito de las tecnologías no letales, pero incapacitantes. Incluso sin ser expertos, es fácil conectar la capacidad de las microondas para calentar y cocinar con su potencial de causar daño a la escala de un ser humano, simplemente con la calibración adecuada de la longitud de onda.
La urgente necesidad de investigación y transparencia
La divulgación de esta información, amplificada por la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, a través de una publicación en X, subraya la amenaza latente y la necesidad de una profunda investigación. La opacidad en torno a estas armas y su posible conexión con Rusia genera una preocupación global. Comprender cómo operan estas tecnologías y qué implicaciones tienen para la seguridad internacional es crucial. El mundo entero espera respuestas claras sobre estas nuevas y devastadoras formas de conflicto que podrían redefinir las reglas de la guerra. Ver Lo de Venezuela no le hubiera pasado a Corea del Norte (ni a Ucrania en 1990)
Esta es la traducción al español del contenido de la imagen:
Defense Intelligence @DI313_
Esta cuenta de un guardia de seguridad venezolano leal a Nicolás Maduro es absolutamente escalofriante—y explica mucho sobre por qué el tono en toda América Latina cambió repentinamente.
Guardia de Seguridad: El día de la operación, no oímos venir nada. Estábamos de guardia, pero de repente todos nuestros sistemas de radar se apagaron sin ninguna explicación. Lo siguiente que vimos fueron drones, muchos drones, volando sobre nuestras posiciones. No sabíamos cómo reaccionar.
Entrevistador: ¿Entonces qué pasó después? ¿Cómo fue el ataque principal?
Guardia de Seguridad: Después de que aparecieron esos drones, llegaron algunos helicópteros, pero eran muy pocos. Creo que apenas ocho helicópteros. De esos helicópteros bajaron soldados, pero en un número muy pequeño. Quizá veinte hombres. Pero esos hombres eran tecnológicamente muy avanzados. No se parecían a nada contra lo que hubiéramos luchado antes.
Entrevistador: ¿Y entonces comenzó la batalla?
Guardia de Seguridad: Sí, pero fue una masacre. Éramos cientos, pero no tuvimos ninguna oportunidad. Disparaban con tal precisión y velocidad... parecía como si cada soldado estuviera disparando 300 rondas por minuto. No podíamos hacer nada.
Entrevistador: ¿Y sus propias armas? ¿No ayudaron?
Guardia de Seguridad: No ayudaron en absoluto. Porque no eran solo las armas. En un momento dado, lanzaron algo—no sé cómo describirlo... era como una onda de sonido muy intensa. De repente sentí como si mi cabeza estuviera explotando por dentro. Todos empezamos a sangrar por la nariz. Algunos vomitaban sangre. Caímos al suelo, incapaces de movernos. Ver Las 20 leyes de la astucia
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