El sentido de la vida

El sentido de la vida y el de la muerte, que van pegados y son inseparables.


Estas preguntas ya se las hace el ser humano desde que tiene consciencia, así que no voy a ser yo el que descifre el misterio que a tantas personas ha traído de cabeza. Como Sócrates, solo puedo decir que sé que no sé nada. Aunque esta frase tiene su miga. De momento, hagamos un poco de historia.

El Sentido de la vida
En el Siglo IV a.d.C. hubo una explosión de sabiduría de la que poco más se ha avanzado hasta la fecha. En la India ya hacía siglos que se opinaba que el ciclo vital era una incesante repetición de vidas y reencarnaciones. Las acciones de una vida determinaban la siguiente. A eso le llaman karma. El sentido de la vida es romper con esa eterna rueda (samsara) y alcanzar el nirvana, o integración con la Unidad (o algo así). El budismo no aporta prácticamente nada nuevo a esa idea, salvo el decir que aboliendo el deseo se puede lograr ese estado. En esa época, en Israel, los profetas del Antiguo Testamento ya establecen que hay un sólo Dios y que nos jugamos la eternidad en esta vida. Según nuestra conducta, iremos al cielo o al infierno, y además de forma definitiva. Nada nuevo ya que durante siglos, en Egipto se creía que al morir nuestra alma era pesada por Anubis y según su virtud se dirigía a un sitio o al otro. En la Grecia y en la Roma clásica, Caronte nos llevaba en su barca al Hades o inframundo tras abandonar esta existencia. En China, Lao Zi crea el taoísmo y en su doctrina dice que el ser humano es la unión de una parte que corresponde al Cielo y otra que corresponde a la Tierra. Al morir, cada parte regresa a su origen y se integra con el Tao, que es indefinible por naturaleza. También aparece la regla moral de Confucio. Ésta filosofía piensa que si averiguar el sentido de la vida y el vencer a la muerte fueran muy importantes, la Humanidad dedicaría mas esfuerzo a solucionarlo. Por lo tanto, es mejor centrarse en esta vida.

Mas tarde, aparecen la “religiones del Libro”, el Cristianismo y el Islam. En cuanto al sentido de la vida no aportan nada que no haya descubierto ya el Judaísmo en el Antiguo Testamento: al morir, o vas al cielo o al infierno. También el budismo pasa a China y a Japón y en estos países toma forma el budismo Chang o Zen. Según su fe, al morir, vuelves al lugar de donde viniste, con lo que no aclara gran cosa (o tal vez lo aclara todo). En realidad, casi todas las religiones de Extremo Oriente creen que la muerte (y la vida) es una ilusión. No estoy al día sobre lo que las civilizaciones precolombinas pensaban al respecto, lo investigaré, aunque no me suena que haya nada nuevo sobre lo ya escrito.

Muchas religiones están imbricadas con las corrientes filosóficas de cada época. La filosofía tampoco aporta mucha mas luz sobre el tema. También hay muchas personas que opinan que detrás de la vida no hay nada y nos retan a demostrar lo contrario. Y no les falta razón.

El Sentido de la 
Por supuesto que soy consciente que he resumido milenios de cultura de muchas civilizaciones y que me dejo infinitos matices por considerar. Hay varios datos claros: habremos avanzado mucho en según qué cosas, pero sobre el sentido de la vida estamos perfectamente ignorantes; nadie ha vuelto de la otra orilla para contarnos de qué va esto, y hasta ahora, las religiones y filosofías dan cierto consuelo y eso es todo. Solos nacemos y solos nos vamos, es un acto personal, como toda nuestra vida. Así que tal vez la pregunta correcta no es cual es el sentido de la vida, sino si esta pregunta tiene algún sentido.

De momento, me quedo con la cita de Calderón de que “la vida es sueño y los sueños, sueños son” y con otra de Shakespeare: "dormir, tal vez soñar, pero ¿cómo serán los sueños de la muerte? "

No tengamos prisa, mas pronto que tarde, sabremos que hay después. O tal vez no, quien sabe. ¿Volverás para contárnoslo?

La finalidad de la especie humana


Muchos científicos, y muchos escritores de ciencia ficción, plantean la idea de que para colonizar el espacio deberíamos mandar por delante naves robotizadas que adaptaran un planeta como idóneo para la vida. Llevarían embriones de todas las especies (incluida la nuestra) y desde este planeta se repetiría la jugada hacia otro. Como idea no es descabellada y tal vez la Humanidad, más pronto que tarde, lo haga. Tal vez en el proceso destruyamos alguna forma de vida autóctona, pero sería un mal menor.

Mi amigo Manolo opina que esta idea ya está en marcha. Lo genial de la idea es que, según él, nosotros somos los robots de la especie que envía embriones por el espacio para dejar como habitables los planetas elegidos. Esta especie que nos dejó “germinar” y nos programó para los viajes espaciales es la que de forma innata denominamos Dios, divinidad, etc. a lo largo de las eras. Si por algún imprevisto la Humanidad desapareciera, estos “dioses” tienen previsto que otra especie terrestre nos releve del cometido de colonizar la Tierra, luego el sistema solar, y luego…

La pregunta del millón es cuándo esta especie alienígena se presentará para recoger el trabajo realizado por la Humanidad. ¿Nos rebelaremos o les adoraremos? Quien lo podría saber. De todas formas, nosotros ya estamos jugando a este juego con la genética y la robótica. Pronto lo sabremos en propias carnes.

Hay otra opción que tampoco tiene gracia: que ahora mismo otra especie extraterrestre plantee reconfigurar la Tierra para su uso y disfrute, caiga quien caiga, que sería toda la biomasa actual (a la que pertenecemos). Un buen meteorito como antiséptico y repoblar con su genética propia. Tal vez ya haya ocurrido y nosotros seamos uno de los resultados.

¡Qué cosas mas raras piensa mi amigo Manolo!