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2 de noviembre de 2017

La paradoja de la seducción

En asuntos de seducción, ¿quién puede realmente estar seguro de quien está seduciendo a quién? La seducción casi se puede ver como un fenómeno paradójico


En asuntos de seducción, ¿quién puede realmente estar seguro de quien está seduciendo a quién? 


La seducción, y el llamado "arte de la seducción", están cargados de ambigüedades y contradicciones aparentes. Tanto es así que casi se puede ver como un fenómeno paradójico. 


“Un hombre persigue a una chica hasta que ella lo atrapa" Irving Berlin

Más importante aún, el artificio y las maquinaciones que caracterizan a la seducción no son totalmente unilaterales. Su implementación implica normalmente una persona (tradicionalmente el hombre) en el papel de dominador y la otra persona (generalmente la mujer) haciendo como que reacciona sumisamente como subyugada. 

La paradoja de la seducción
La paradoja de la seducción
Pero por su propia definición, la seducción implica cierta reciprocidad, que connota al menos algún grado de consentimiento. (Y debo añadir aquí que esto es cierto tanto si el seductor es hombre o mujer, sin embargo, para simplificar, voy a referirme al hombre como seductor, en oposición, a la mujer como seductora).

Salvo en las fantasías sexuales engendradas por la libido o el deseo del ego inspirado para ser irresistiblemente deseado, puede afirmarse con seguridad que hay muchas personas (y no sólo las mujeres heterosexuales) que secretamente anhelan la emoción, la peculiar "intimidad ilícita" de haber sido el objeto codiciado de la lujuria de su compañero. Quiere decir que hay momentos en que la persona seducida, inconscientemente, en realidad puede ser vista paradójicamente, en complicidad con el seductor. Además, y también paradójicamente, si la persona seducida todavía es virgen, su misma inocencia ingenua y sin mancha, puede tener su propio poderoso atractivo seductor. 

Por otra parte, en su peor faceta, la seducción puede ser vista como una vergonzosa forma de explotación, aunque realmente no se puede describir como exigente, amenazante, o coercitiva. Más bien se está cautivando, seduciendo y tentando. Y si bien nunca comienza como algo de mutuo  consenso, en última instancia, termina de esa manera. En cierto sentido, es como "rendirse" a una deliciosa pieza de chocolate. Nadie te apunta con un arma y agresivamente te obliga a comer. Pero ahí estaba, justo en frente tuya y tan atractivo que finalmente simplemente sientes que has superado tu voluntad de resistir. SIGUE LEYENDO...