Dos amigas casadas, María y Laura, por fin logran organizar una ansiada noche de chicas.
Tras una velada llena de risas y copas, emprenden el camino a casa con paso tambaleante. De repente, ambas se ven asaltadas por una urgencia fisiológica impostergable.
En su desesperación, se adentran en un cementerio cercano para aliviarse. Una vez satisfecha la necesidad, se percatan de su falta de previsión: no tienen con qué asearse. María, en un arrebato de ingenio, decide sacrificar su ropa interior. Laura, por su parte, opta por una solución más creativa y toma prestada una corona floral de una tumba cercana.
A la mañana siguiente, los maridos de ambas, preocupados, conversan por teléfono.
"Estoy indignado", se queja el esposo de María. "¡Mi mujer llegó a casa sin ropa interior!"
"Entiendo tu malestar", responde el marido de Laura con un tono de voz aún más afligido. "Pero si crees que eso es malo, escucha esto: ¡mi esposa tenía una tarjeta metida entre las nalgas que decía 'De todos los chicos de la estación de bomberos, siempre te recordaremos con cariño'!"
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