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12 de agosto de 2011

¿Para qué molestarse en negociar?


La negociación es imposible cuando existe una gran distancia, un foso, entre A y B, y ese foso es infranqueable. No hay puente levadizo que valga, por el que pudieran pasar las razones más concluyentes o los sentimientos o emociones (positivas o negativas) más intensas que ayudarían a persuadir.

Negociación
¿Qué actitudes personales lo impiden?

a) Los ciegos
Los fanatismos religiosos y los fanatismos políticos impiden la relativización de las propias posiciones.
Y eso es muchas veces un problema de formación o de inteligencia. La inteligencia y el desarrollo mental es proporcional a la capacidad de poner en cuestión los propios constructos mentales, los juicios y los valores. En el capítulo de la ceguera entran en primer lugar los fanatismos religiosos e ideológicos. También las actitudes radicales como el machismo o el feminismo. Faltan la formación y/o el grado de inteligencia necesario para cuestionar y sobrepasar sus propios presupuestos. De igual manera la infatuación de algunos profesores, médicos, jueces, y de otros que detienen indiscutibles posiciones de poder sobre los demás, les inhabilita para cuestionar los presupuestos en que basan su sistema de juicio y de valores.

b) Los que no quieren ver por mala fe
Estemos igualmente atentos a la mala fe. Es cosa distinta a la ceguera. Estar en posición de cuestionar y sobrepasar sus propias premisas puede ser un problema de buena fe. Porque la gente prostituye con frecuencia la verdad a los propios intereses. Sin embargo, al que es de buena fe no le ciegan los intereses.
Sí que hay gente con mala fe. Una mala fe tan clara evidente y desvergonzada como la que exhiben algunos personajes en los debates televisivos. (En España hay algunos ejemplares de mala fe sistemática en la emisión 59”, mala fe que demuestran con la cínica utilización de la mentira, las falacias lógicas, las desviaciones partidistas en la presentación e interpretación de hechos, la argumentación “ad personam”. Y otras sórdidas maniobras dialécticas).

c) Los egoístas incapaces de pensar en los demás
Nada, ningún intercambio, se puede esperar del Otro cuando nada lo mueve, ni razones, ni ética, ni sentimientos, sino que es sólo apetito de la ganancia personal lo que le motiva. No hay que perder el tiempo con esos voraces individuos.

d) Los que vienen con malas intenciones
¿Quién puede aceptar negociar con alguien que viene con malas intenciones abiertamente o de manera camuflada?

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