La implacable lección de Maquiavelo sobre el poder: cómo delegar la crueldad en terceros para ganar el favor del pueblo y asegurar tu liderazgo
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| Retrato de César Borgia |
Al cabo de poco tiempo su ministro consiguió pacificar el territorio y reducirlo a la unidad, todo lo cual trajo consigo la extraordinaria reputación del duque. Pero más tarde juzgó el duque que ya no era necesaria tan gran autoridad, pues se corría el peligro de que resultara odiosa, e implantó un tribunal civil en el centro del territorio, presidido por un hombre excelentísimo y en el que cada ciudad tenía su propio abogado. Y como sabía que los rigores pasados le habían generado algún odio, para curar los ánimos de aquellos pueblos y ganárselos plenamente decidió mostrar que, si alguna crueldad se había ejercido, no había provenido de él, sino de la acerba naturaleza de su ministro. Así que, cuando tuvo ocasión, lo hizo llevar una mañana a la plaza de Cesena partido en dos mitades con un pedazo de madera y un cuchillo ensangrentado al lado. La ferocidad del espectáculo hizo que aquellos pueblos permanecieran durante un tiempo satisfechos y estupefactos. (Maquiavelo, El Príncipe, VII)
Cuando el nombrado para realizar las tareas necesarias y desagradables ha cumplido su labor, puedes decapitarlo como hizo César Borgia. Pon atención si eres tú el que ejecuta esas medidas: vigila que tu cabeza siga pegada al cuerpo.
Los hombres, cuando reciben el bien de quien esperaban iba a causarles mal, se sienten más obligados con quien ha resultado ser su benefactor. (Maquiavelo, El Príncipe, IX)
Fuente: La
sabiduría secreta de Maquiavelo
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