En el año 327 a.C., el líder macedonio Alejandro Magno, con el fin de sofocar una revuelta en su nuevo imperio, se embarcó en una empresa aparentemente imposible: la conquista de la Roca Sogdia , una fortaleza iraní situada en un acantilado y rodeada de escarpadas paredes de roca. Los sogdianos vigilaban el único acceso, habían acumulado suministros de alimentos para resistir durante mucho tiempo y podían contar con la nieve como fuente de agua. La roca era tan inaccesible que, cuando se pidió a los sogdianos que se rindieran, se burlaron de Alejandro, aconsejándole que "buscara soldados con alas". Enfurecido por esta respuesta, el gobernante macedonio prometió recompensar la exorbitante suma de 12 talentos al primer temerario que lograra escalar la roca, mientras que daría recompensas más pequeñas pero aún generosas a los que llegaran más tarde. Trescientos hombres con experiencia en escalada se equiparon con cuerdas de lino y estacas de tienda. Para evitar ser descubiertos,...