El experimento de los monos capuchinos y el dinero: una lección sobre economía y comportamiento
En 2005, el economista Keith Chen y la psicóloga Laurie Santos llevaron a cabo un fascinante experimento en el hospital de Yale-New Haven, donde enseñaron a siete monos capuchinos a usar dinero.
Los investigadores querían explorar si los capuchinos podían manejar conceptos económicos básicos y qué similitudes tenían sus decisiones con las de los humanos. Los resultados fueron tan sorprendentes como reveladores, mostrando que incluso estos primates, con cerebros pequeños y necesidades básicas, podían comportarse de manera similar a los humanos en ciertos aspectos económicos.
Los monos aprendieron a intercambiar fichas metálicas por comida en un mercado improvisado. Rápidamente demostraron comportamientos racionales, como buscar la mejor oferta para maximizar sus recompensas. Por ejemplo, si un investigador ofrecía más comida por la misma ficha, los monos preferían comprar allí. Sin embargo, también mostraron impulsividad: tendían a gastar todas sus fichas de inmediato en lugar de ahorrar para el futuro. Además, eran extremadamente reacios a perder cualquier cosa, mostrando una aversión a la pérdida similar a la de los humanos.
Uno de los momentos más inesperados del experimento ocurrió cuando un mono robó un montón de fichas y las lanzó dentro de la jaula principal, creando un caos entre los demás monos que competían por recogerlas. Con este excedente temporal de "dinero", ocurrió algo sorprendente: uno de los monos utilizó una ficha para pagarle a otro por favores sexuales. Después del acto, el mono que recibió el pago usó inmediatamente la ficha para comprar uvas. Este incidente fue el primer caso documentado científicamente de prostitución animal.
Desde entonces, los investigadores tomaron medidas para evitar que los monos pudieran intercambiar fichas entre ellos por actos sexuales. Este experimento no solo mostró cómo los capuchinos podían aprender conceptos económicos básicos, sino también cómo las dinámicas sociales y las decisiones impulsivas pueden surgir incluso en especies no humanas. Además, sirve como una advertencia sobre cómo pequeños cambios en el entorno pueden desencadenar comportamientos inesperados.
El estudio destaca la importancia de comprender las raíces evolutivas de nuestras decisiones económicas y cómo estas pueden influir en políticas públicas o estrategias financieras humanas. También nos recuerda que incluso actos bien intencionados pueden tener consecuencias impredecibles cuando se trata de alterar sistemas naturales.
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