En la noche del 7 de mayo de 1902, Ludger Sylbaris, un trabajador de la bulliciosa ciudad de Saint-Pierre, Martinica, se encontró en una pelea de borrachos en un bar local. El altercado se tornó violento y las autoridades lo arrestaron, arrojándolo a una celda solitaria, similar a una mazmorra, excavada en los gruesos muros de piedra de la prisión local después de aparentemente intentar escapar de la prisión. No se podía imaginar que este castigo pronto se convertiría en su salvación. Durante semanas, el monte Pelée, el volcán que se cierne sobre Saint-Pierre, había estado retumbando ominosamente. Los terremotos sacudieron el suelo y las columnas de ceniza oscurecieron el cielo. Sin embargo, a pesar de las advertencias, muchos residentes se quedaron, ya sea por incredulidad o porque los funcionarios les aseguraron que la ciudad era segura. Sylbaris, encerrado en su celda subterránea sin ventanas, no sabía nada del desastre que se avecinaba. A las 8:02 a.m. del 8 de mayo de 1902, la mon...