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4 de febrero de 2013

¿Por qué mentimos?


"Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante". Es una frase del escritor británico Aldous Leonard Huxley que puede sintetizar una realidad palpable en cualquier sociedad: los engaños que nos suelen acompañar en nuestra vida pública y privada.


¿Por qué mentimos?
¿Por qué mentimos?
Desde hace unos días, la actualidad deportiva ha puesto en el podio de mentirosos al ciclista Lance Armstrong, que finalmente acabó confesando que se dopó, después de sostener lo contrario durante más de diez años 

En una entrevista exclusiva realizada por la popular Oprah Winfrey, el deportista acabó confesando su gran mentira y puso en manos de la opinión pública la redención de su pecado. Arsmtrong es el último caso de una lista de personajes públicos que se han visto obligados a confesar una mentira. Muchos de ellos son deportistas, pero también hay casos más sensibles, como el de la barcelonesa Alicia Esteve, que se inventó ser una superviviente de los trágicos atentados del 11-S, o el de Enric Marco, que fingió ser un preso del nazismo. ¿Qué lleva a alguien a inventarse una mentira de este calibre? ¿Podemos aguantar el sentimiento de culpa? ¿Qué es lo que nos lleva a confesar? ¿Se puede perdonar y volver a confiar en un mentiroso?

¿Por qué mentimos?
¿Por qué mentimos?


Clases de mentirosos 

Mentir es un acto consciente, aunque no todo el mundo es capaz de hacerlo, según señala el catedrático de psicobiología José María Martínez Selva. En su libro La gran mentira, Selva describe dos tipos de mentirosos: el fabulador y el sinvergüenza. “El fabulador es alguien acostumbrado a contar mentiras a lo grande y en todos los ámbitos; se reinventa aunque lo hayan descubierto antes, mientras que el sinvergüenza es aquél que lo que intenta es lograr una ventaja para llegar a alcanzar un objetivo que no puede conseguir o que no tiene la seguridad para lograrlo”, explica el autor. A juzgar por esta definición, y con algunos matices, deportistas como Arsmtrong o la atleta Marion Jones, que también confesó que se había dopado, estarían englobados en esta segunda definición.

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2 comentarios:

  1. Imaginate quien va aconfiar en este tipo de personas.

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    1. Pues mucha gente, Abrahn. Hay quien disfruta siendo engañado, por mucho que luego se queje (aparentemente). Por cada cien personas que desean ser engañadas siempre aparece uno que les complace.

      Saludos

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