Amor propio mas allá de la muerte


“Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.”

Así acaba un soneto de nuestro genial Quevedo. Naturalmente, se refería a su amada.

Cada vez que se muere un conocido, con todas las personas que menciono el tema, sin excepción dicen: “cuando me muera, quiero que con mi cuerpo…”. No falla. Digo yo que cuando mueres, en el caso que haya alma, ésta se separa del cuerpo. El alma desaparece o va a otros mundos y el cuerpo se queda en este mundo. Se recicla y queda en el planeta (o en el sistema solar, por ahora) Así que, si no estás aquí para ver que sucede con el envase de tu alma, creo que es indiferente. Entiendo al que dona su cuerpo para trasplantes o para la ciencia. Y entiendo al que quiera ser enterrado o incinerado, comido por los buitres, lanzado a un río, convertido en hamburguesas o como decía un pasado de vueltas, convertido en supositorios para seguir dando por el culo. Tanto los entiendo que no los entiendo. “Polvo serán, mas polvo enamorado… de si mismo, hasta después de la muerte” Una vez muertos, nuestro cuerpo no nos pertenece, es egoísmo mas allá de la vida lo que nos mueve a disponer de algo que ya no nos pertenece.

Me dirán que es un rito social lo que hacemos con los muertos. Cierto. También es otro rito el de las herencias. Ambos ritos muy lucrativos. Por supuesto que no es muy buena idea dejar cuerpos insepultos por todas partes y que hay que hacer algo por higiene. Y ya está.

Por mi parte, con mi cuerpo pueden hacer lo que quieran, eso si, cuando esté bien muerto. Hasta pueden hacer todas las cosas que he citado antes, incluido supositorios. No estaré aquí para verlo, ni quiero numeritos lacrimosos ante un organismo putrefacto, aunque eso también me da igual. Si les gusta, no se priven.

Los hombres que no dejaban de maltratar a las mujeres


Muy pocas personas hacen las cosas sin motivo. Hasta el francotirador que mata al azar estudiantes de bachillerato, lo hace para satisfacer sus más tenebrosas pasiones. En lo que va de año, en España y según datos oficiales, han muerto más de 30 mujeres asesinadas por “violencia de género”. Raro es el día que no aparece en la TV alguna tentativa, consumada o no, de homicidio de un hombre a una mujer. Tal vez habría menos casos si en los medios no se le diera tanto bombo a la noticia. Con los suicidios funciona así, se lo puede explicar cualquier psicólogo, en cuanto se dejan de airear descienden bruscamente.

Lo que me mosquea de las noticias sobre el particular es que están incompletas. Nunca nos cuentan qué decía el asesino sobre los motivos que le impulsaron a hacer esta barbaridad. ¿Qué le motiva a un hombre a matar a su mujer? La pregunta tiene su miga, porque de saberlo, tal vez obtendríamos alguna conclusión y quizás un remedio, pues eliminando la motivación podríamos reducir drásticamente estos sucesos que tan bien se venden como noticia.

Una pista: si Usted que me visita no es español le cuento una ley muy curiosa que tenemos por aquí. Se trata que si una mujer denuncia a un hombre, a éste no se le aplica la presunción de inocencia y tiene que demostrar que no es culpable. Para la mujer no funciona así. Si lo juntamos con que en caso de separación y/o divorcio el marido se queda en la calle y además le pasa pensión a la ex-mujer, tenemos que tal vez sea una causa de algunos homicidios “de género”. Insisto, como no tengo datos, es sólo una suposición que me gustaría que alguien me aclarara.

Así que la próxima vez que vea el siguiente crimen televisado con todo tipo de morbo, esté atento a escuchar cuáles eran los motivos que manifestaba el “violento de género”.